El presidente electo, Rodrigo Paz Pereira, ha manifestado su intención de fortalecer y profundizar los lazos con la nación vecina, aunque sin anunciar una restauración inmediata de las relaciones diplomáticas plenas, las cuales se encuentran suspendidas a nivel de embajadores desde 1979. Esta interrupción se produjo tras la fallida iniciativa diplomática conocida como el Abrazo de Charaña, un esfuerzo bilateral infructuoso para negociar una salida soberana al mar para Bolivia.
Paz Pereira reconoció la existencia de relaciones consulares, pero subrayó el anhelo de un vínculo más robusto. Destacó el profundo interés de su país en el acceso al Pacífico, comprometiéndose a trabajar por una mejora en las relaciones que genere beneficios mutuos. Asimismo, señaló la necesidad de abordar y resolver las conexiones con redes criminales transnacionales, anticipando que la posición estratégica de Bolivia en la región del Pacífico contribuirá a una relación positiva y ventajosa para ambas naciones. Estas declaraciones fueron realizadas en el marco del proceso de transición presidencial.
El mandatario electo, cuya toma de posesión está programada para el 8 de noviembre, busca implementar una renovada política exterior, enfocada en la transparencia contractual, la colaboración en la lucha contra actividades ilícitas y la reactivación de alianzas con países democráticos, incluyendo Estados Unidos. En lo que respecta a la relación bilateral, su enfoque prioriza la seguridad fronteriza, el combate al contrabando y al tráfico de personas, así como la integración bioceánica, distanciándose de una agenda centrada exclusivamente en reivindicaciones históricas.
Esta postura marca un cambio significativo respecto al prolongado ciclo diplomático y político liderado por la administración anterior, que llevó dos litigios ante la Corte Internacional de Justicia. Uno de ellos, una demanda boliviana sobre la obligación de negociar una salida soberana al mar, no obtuvo un resultado favorable. El segundo, presentado por la nación vecina sobre las aguas del Silala, concluyó con el reconocimiento judicial de este recurso como un cauce internacional compartido y una exhortación a ambas partes para su protección.
Durante su campaña electoral, Paz Pereira generó un intenso debate al prometer la regularización de vehículos ingresados sin los debidos impuestos. Posteriormente, aclaró que esta medida no incluiría a los automóviles robados en el país vecino y contrabandeados. Enfáticamente, declaró que legalizar no implica legitimar el delito y que la nación no puede continuar siendo un mercado de receptación. Esta posición fue interpretada como un equilibrio entre el pragmatismo económico y la cooperación judicial y policial con la nación vecina, en un contexto donde ambos gobiernos enfrentan redes criminales que operan en la frontera, utilizando el contrabando de vehículos como parte de las operaciones de narcotráfico.
**Reacciones desde la nación vecina**
Desde la nación vecina, las felicitaciones al presidente electo incluyeron mensajes de apertura, aunque con ciertos matices. El presidente Gabriel Boric fue uno de los primeros líderes en expresar sus congratulaciones por la asunción de Paz Pereira a la máxima magistratura.
De los ocho candidatos que compiten por la presidencia de la nación vecina el 16 de noviembre, solo dos se pronunciaron sobre el cambio de ciclo político que se iniciará en Bolivia. La candidata conservadora Evelyn Matthei manifestó la voluntad y el compromiso de su país para avanzar en temas urgentes como la migración irregular, el control fronterizo y la cooperación contra el crimen organizado transnacional. Por su parte, el líder republicano José Antonio Kast, a través de sus redes sociales, fue más directo al comprometerse, en caso de ser elegido presidente, a reanudar las relaciones diplomáticas con Bolivia desde el primer día, dejando atrás las divisiones del pasado. Abogó por la unión de ambas naciones para enfrentar la inmigración ilegal, el narcotráfico y construir una alianza común de progreso para sus pueblos. Kast también aprovechó la ocasión para distanciarse del presidente boliviano saliente, aludiendo a una relación de amistad con el actual gobierno vecino y sugiriendo que Bolivia se ha liberado de influencias pasadas.
Diversos diplomáticos han coincidido en que este contexto regional es propicio para una reconfiguración diplomática, especialmente después de los procesos judiciales en La Haya. El canciller Alberto van Klaveren inauguró recientemente el decimoctavo Encuentro bilateral en Santiago, donde destacó que, en los últimos años, ambas naciones han restablecido espacios de coordinación con una agenda capaz de gestionar diferencias e identificar oportunidades. Este evento, que congrega a académicos, diplomáticos y periodistas de ambos países, refleja una voluntad compartida de reconstruir la confianza, justo cuando Bolivia inicia una nueva etapa política y económica. Si bien la autoridad no se refirió específicamente al cambio de mando, ofreció varias reflexiones sobre la relación bilateral.
**Entre la historia y el futuro**
En cualquier caso, el restablecimiento de relaciones diplomáticas a nivel de embajadores no figura como una prioridad inmediata en la agenda de Paz Pereira. Sin embargo, su discurso apunta a una normalización gradual, fundamentada en intereses comunes y en el principio de respeto mutuo. El presidente electo ha enfatizado que la diplomacia del siglo XXI debe ser de cooperación responsable, no de aislamiento. Paralelamente, la Cancillería y el Ministerio de la Presidencia trabajan en el traspaso de toda la información necesaria para la transición, siendo una de las tareas prioritarias la gestión de la presencia de mandatarios de países amigos que asistirán a la ceremonia de investidura

