La Asociación de Surtidores de Santa Cruz (Asosur) enfrenta una crisis de confianza que afecta directamente la dinámica comercial de las estaciones de servicio en la región. Susy Dorado, gerente de esta organización, ha expresado su profunda preocupación por la pérdida de credibilidad que están experimentando estas estaciones debido a los cuestionamientos surgidos en torno a la calidad del combustible que se ofrece al público. Esta situación ha generado una notable disminución en las ventas, un golpe significativo para un sector que depende íntegramente del consumo constante y la confianza del consumidor.

El problema central gira en torno a la denominada gasolina “desestabilizada”, un término que ha cobrado relevancia tras las protestas manifestadas por conductores afectados por daños en los motores de sus vehículos. Estas quejas han puesto en el ojo público a las estaciones de servicio, generando desconfianza sobre la calidad del carburante suministrado. En este contexto, Dorado enfatiza que los surtidores no son productores ni importadores del combustible; su función se limita exclusivamente a la comercialización del producto distribuido por Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), empresa estatal encargada de la producción y distribución nacional.

La gerente subraya que el sector cumple rigurosamente con todos los procedimientos establecidos por el decreto 24721, lo cual implica una estricta fiscalización constante tanto por parte de la Agencia Nacional de Hidrocarburos como por otras entidades regulatorias como la Dirección de Sustancias Controladas y las autoridades tributarias. Este marco regulatorio intenso busca garantizar no solo la legalidad sino también la calidad y seguridad en el suministro del carburante. Sin embargo, pese a este control exhaustivo sobre las estaciones, el problema parece radicar en etapas previas a su comercialización, es decir, en la producción y distribución inicial realizadas por YPFB.

Dorado denuncia que esta situación ha provocado un impacto directo en el prestigio y funcionamiento cotidiano de las estaciones, reflejándose principalmente en una caída significativa en las ventas. Los consumidores manifiestan temor ante posibles daños mecánicos derivados del uso del combustible cuestionado, lo que se traduce en una merma considerable para los surtidores. La preocupación se extiende incluso a casos específicos como el precintado reciente de una estación ubicada en El Alto donde se detectó presencia de manganeso, un contaminante no esperado en el combustible y que alimenta aún más los reclamos públicos.

Frente a esta problemática, Asosur ha tomado medidas formales enviando cartas a las autoridades gubernamentales para solicitar transparencia respecto al volumen total del carburante defectuoso distribuido en el mercado nacional. No obstante, estas gestiones no han tenido respuesta satisfactoria hasta ahora; incluso YPFB no ha podido proporcionar datos claros sobre esta cuestión, lo que agrava la incertidumbre tanto para los surtidores como para los consumidores finales.

Es importante destacar que esta problemática no solo afecta al sector comercial sino también tiene implicaciones significativas para los usuarios finales quienes enfrentan gastos elevados para reparar daños mecánicos derivados del uso de gasolina adulterada o contaminada. En este sentido, se evidencia un problema estructural donde la cadena desde la producción hasta el expendio presenta fallas graves que repercuten negativamente sobre múltiples actores involucrados.

En conclusión, Asosur reafirma su posición como intermediario responsable entre YPFB y la población usuaria, rechazando categóricamente cualquier imputación directa sobre la calidad del carburante. Su llamado es claro: se requiere mayor transparencia y responsabilidad desde las instancias productoras para garantizar un suministro confiable y seguro. Mientras tanto, el sector continúa enfrentando desafíos significativos derivados de esta crisis de confianza que pone en riesgo tanto su estabilidad económica como su reputación ante una clientela cada vez más exigente y preocupada por la calidad del combustible que utiliza diariamente

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