Bolivia enfrenta un desafío significativo en el ámbito de su infraestructura ferroviaria, caracterizado por una desconexión histórica que ha limitado su potencial logístico. Actualmente, el país cuenta con dos redes ferroviarias principales: la Red Andina, que conecta el altiplano boliviano con los puertos del Pacífico, y la Red Oriental, que une Santa Cruz con Brasil y Argentina. Sin embargo, entre estas dos redes existe un vacío de hasta 550 kilómetros que ha obstaculizado el desarrollo integral del sistema de transporte ferroviario en el país.
El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, ha señalado que esta fragmentación es un obstáculo crítico para posicionar a Bolivia como un eje central del Corredor Ferroviario Bioceánico Central. Este ambicioso proyecto, que abarca más de 3.700 kilómetros, tiene como objetivo unir el Atlántico y el Pacífico a través del territorio boliviano, pero enfrenta serias limitaciones debido a la falta de integración entre las redes existentes.
Ante la inviabilidad del antiguo trazado propuesto por Cochabamba, que se estimaba en más de 10.000 millones de dólares, el gobierno ha planteado una alternativa más factible. Esta nueva propuesta se enmarca en un recorrido por el sur del país, teniendo a Tarija como un punto estratégico clave en la conectividad ferroviaria. La iniciativa contempla la construcción de un nuevo corredor que uniría El Palmar, en Chuquisaca, con Balcarce, en Potosí. Se estima que esta obra requeriría una inversión que oscila entre los 800 y 1.000 millones de dólares, lo cual representa una opción más viable tanto desde el punto de vista técnico como económico.
Este proyecto ha captado la atención y el respaldo internacional, especialmente por parte de Brasil. Además, se están estableciendo vínculos con Argentina y Perú para fortalecer las conexiones hacia los puertos del Pacífico. La propuesta no solo busca mejorar la logística interna de Bolivia sino también captar carga regional, especialmente desde Brasil. Esto permitiría que la producción proveniente del oriente boliviano acceda a mercados asiáticos sin depender exclusivamente de las rutas atlánticas.
Si se lleva a cabo este ambicioso plan ferroviario, no solo se integrarán las redes existentes del país, sino que también se reposicionará a Tarija como un nodo logístico clave en la red continental. Esto podría transformar significativamente la dinámica comercial y económica de Bolivia, dotándolo de mayores capacidades para competir en los mercados internacionales y fomentar su desarrollo regional.

