Una serie de potentes ráfagas de viento, que alcanzaron velocidades de hasta 80 kilómetros por hora, azotaron la ciudad, provocando interrupciones significativas en el suministro eléctrico y causando daños materiales considerables. La magnitud del fenómeno llevó a las autoridades municipales a describir los vientos como de fuerza huracanada, instando a la ciudadanía a permanecer en sus hogares para evitar cualquier riesgo.
El impacto de las corrientes de aire se manifestó en la caída de aproximadamente veinte árboles en distintos puntos del área urbana, algunos de los cuales cayeron sobre vehículos estacionados. Esta situación generó obstrucciones en importantes vías, como la avenida Las Américas, donde el tráfico se vio seriamente afectado. Además, se reportó el colapso de una estructura de gran tamaño en el barrio Germán Busch y desprendimientos de techos en varias unidades educativas. La infraestructura urbana también sufrió consecuencias, con numerosos semáforos fuera de servicio debido a los cortes de energía y el arrastre de cables eléctricos por los árboles caídos.
Ante la emergencia, el equipo de Obras Públicas del municipio desplegó cuadrillas de trabajo para atender los puntos más críticos. Se priorizó la remoción de árboles y escombros para restablecer la circulación vehicular, así como la evaluación y reparación de los semáforos dañados. Las autoridades municipales habían emitido una alerta naranja treinta días antes de este evento, lo que subraya la previsión de la intensidad de estos vientos.
Como medida preventiva y ante la posibilidad de que las fuertes ráfagas retornen, todos los parques de la ciudad fueron cerrados al público. Se hizo un llamado especial a la precaución en zonas con densa arboleda, como la avenida Las Américas, donde la presencia de árboles secos representa un riesgo adicional. Afortunadamente, a pesar de la magnitud de los destrozos materiales, no se registraron personas heridas o lesionadas

