Con la llegada del verano y las elevadas temperaturas, resurge un problema ambiental que afecta a los residentes de un barrio local desde hace años. Las Lagunas de Oxidación, ubicadas en la zona de San Luis, presentan un colapso estructural que genera olores desagradables y contaminación, situación que se intensifica en esta temporada y afecta a numerosas familias cercanas.

La responsabilidad del manejo y control ambiental de estas lagunas recae en la Cooperativa de Servicios de Agua y Alcantarillado (Cosaalt), entidad que hasta el momento no ha emitido declaraciones oficiales ni ha tomado medidas efectivas para solucionar la crisis. Por su parte, el Gobierno Municipal ha señalado que no tiene competencia directa sobre el tema, remitiendo las quejas al organismo encargado.

Este problema tiene raíces profundas, ya que hace más de veinte años se esperaba la construcción de una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) en la zona de Cabeza de Toro, proyecto que aún no se ha concretado debido a limitaciones financieras y obstáculos administrativos. La falta de esta infraestructura ha provocado que las lagunas funcionen por encima de su capacidad, convirtiéndose en focos persistentes de malos olores, proliferación de insectos y contaminación del río Guadalquivir, que recibe vertidos directos de aguas servidas.

Durante la temporada de lluvias, la situación se agrava, elevando los riesgos sanitarios para la población local, que teme brotes de enfermedades vinculadas a la presencia de vectores. Esta problemática ha motivado múltiples protestas vecinales, especialmente en los últimos meses, donde los habitantes exigen soluciones concretas y el cese de la descarga diaria de aguas residuales en las lagunas.

En diciembre pasado, Cosaalt anunció un plan para limpiar la Laguna Anaeróbica Nº 1, que incluía la extracción y tratamiento de más de 48 mil metros cúbicos de lodos sedimentados, con el objetivo de recuperar su capacidad y mejorar el proceso de tratamiento. El proyecto contemplaba varias etapas, desde el vaciado y secado de los lodos hasta su disposición final segura, además de implementar protocolos de monitoreo ambiental para controlar gases tóxicos y vectores.

No obstante, la población local señala que las medidas adoptadas hasta ahora no han generado mejoras perceptibles, ya que los olores desagradables persisten y la contaminación continúa siendo un problema latente. Esta situación ha incrementado la desconfianza hacia las autoridades responsables y la cooperativa.

El alcalde local ha reiterado que la administración de las lagunas corresponde exclusivamente a Cosaalt y que el municipio no tiene autoridad para intervenir directamente en el manejo del sistema ni en la supervisión ambiental, que está bajo la jurisdicción de la Gobernación. En consecuencia, los reclamos ciudadanos deben canalizarse a través del municipio para que sean elevados a las instancias correspondientes, como la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Agua Potable y Saneamiento Básico (AAPS) y la Secretaría de Medio Ambiente.

En cuanto a la esperada Planta de Tratamiento de Aguas Residuales, el Gobierno Nacional anunció la posibilidad de financiar su construcción mediante un crédito del Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), con una inversión estimada en 65 millones de dólares. Sin embargo, aún no se confirma el desembolso ni se han iniciado los procesos licitatorios, lo que retrasa la solución definitiva a esta problemática.

Mientras tanto, la comunidad continúa enfrentando las consecuencias del colapso de las lagunas, aguardando una intervención efectiva que garantice la mejora ambiental y sanitaria en la zona afectada. Las autoridades responsables mantienen un bajo perfil respecto al tema, lo que genera incertidumbre y preocupación entre los vecinos

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