El vibrante enfrentamiento futbolístico en Anfield culminó en un desenlace dramático, con el Liverpool asegurando una victoria por 3-2 gracias a un cabezazo decisivo de Virgil Van Dijk en el minuto 92. Este gol de último aliento desbarató la tenaz reacción de un Atlético de Madrid que, tras un inicio desolador, había logrado reponerse de una desventaja de dos goles, solo para sucumbir en los instantes finales del encuentro.

El partido comenzó de la peor manera posible para el conjunto visitante, que se encontró dos goles abajo en el marcador en menos de seis minutos. Apenas transcurridos tres minutos y medio, el primer golpe llegó tras una falta al borde del área que Salah ejecutó. El balón, tras una serie de rebotes desafortunados en Andy Robertson y Pablo Barrios, se coló en la portería de Jan Oblak, marcando un inicio aciago para su partido número 500 con el club. Poco después, a los cinco minutos y treinta y cuatro segundos, el Liverpool amplió su ventaja. Una rápida combinación entre Gravenberch y Salah culminó en el segundo tanto, evidenciando la vulnerabilidad de una defensa rojiblanca que, con Nico González, Conor Gallagher y Javi Galán, se vio completamente superada por la velocidad y la precisión de los atacantes locales.

Este doblete tempranero, sumado a las significativas bajas que arrastraba el Atlético —incluyendo a Julián Alvarez, Álex Baena, Johnny Cardoso, Josema Giménez y Thiago Almada—, representó una carga inmensa. El equipo se vio forzado a un ejercicio de supervivencia, inicialmente incapaz de generar peligro, con un remate flojo de Raspadori y un centro de Gallagher sin rematador como sus únicas aproximaciones en los primeros veinte minutos, mientras intentaban encontrar su ritmo.

Sin embargo, a medida que avanzaba la primera mitad, el Atlético comenzó a mostrar signos de recuperación. A pesar de la presión constante del Liverpool, con Salah generando ocasiones y Oblak realizando paradas clave, la persistencia rojiblanca dio frutos justo antes del descanso. Una jugada bien elaborada, iniciada por Pablo Barrios y continuada por Raspadori, encontró a Marcos Llorente, quien con una definición precisa batió a Alisson Becker, reduciendo la desventaja a 2-1. Este gol, aunque precedido por una discusión sobre un posible fuera de juego de Griezmann, fue validado, inyectando una dosis crucial de esperanza. Cabe destacar que, minutos antes, el VAR había corregido una decisión arbitral inicial de penalti y mano a favor del Liverpool, un alivio para los madrileños.

La segunda mitad se inició con un Atlético revitalizado y con claras intenciones de igualar el marcador. Raspadori tuvo una oportunidad temprana antes de ser sustituido por Koke, un cambio que reestructuró el mediocampo. Posteriormente, Sorloth entró por Griezmann y Nahuel Molina por Gallagher, con Llorente desplazándose a una posición más central y Barrios con mayor libertad. La afición visitante, contagiada por la nueva dinámica, impulsó a su equipo en un encuentro que había adquirido un equilibrio impensable en los primeros compases. El Liverpool, no obstante, mantuvo su amenaza latente; Salah, en una clara ocasión, estrelló el balón en el poste, rozando el tercer gol. Pero fue Marcos Llorente, nuevamente, quien se erigió en protagonista, aprovechando una oportunidad que, tras un desvío en Mac Allister, se convirtió en el 2-2, completando una notable remontada.

La euforia, sin embargo, fue efímera. En los últimos instantes del partido, cuando el empate parecía sellado, Virgil Van Dijk conectó un cabezazo imparable, sentenciando el 3-2 definitivo para el Liverpool y poniendo fin a la épica, aunque finalmente infructuosa, batalla del Atlético de Madrid

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