Rodrigo Paz Pereira, antes de asumir la más alta investidura en el Estado, ya formaba parte fundamental del entramado cultural que caracteriza a Bolivia, especialmente en una de sus expresiones más emblemáticas y arraigadas: el Carnaval de Oruro. Durante más de quince años, Paz se integró activamente a esta festividad, no solo como un espectador pasivo, sino como un bailarín comprometido que recorría las calles con el vestuario tradicional y el ritmo vibrante de los caporales. Su participación dentro de la Peregrinación del Carnaval no solo representaba una expresión artística y folclórica, sino también un acto profundo de fe y devoción ante la Virgen del Socavón, figura central en esta celebración.

El pasado sábado, al llegar a la festividad en calidad de presidente, Paz rememoró con nostalgia y respeto aquellos años en los que él mismo formaba parte del recorrido danzante. Esta vez lo hizo desde las graderías, acompañado por su esposa y diversas autoridades gubernamentales, observando cómo la tradición sigue viva y ha evolucionado con el tiempo. En sus reflexiones destacó cómo el trayecto original de la Entrada transitaba por la avenida Bolívar, un detalle que subraya los cambios urbanísticos y sociales que ha experimentado Oruro a lo largo de las décadas. Estos cambios no solo afectan la logística del Carnaval, sino también la manera en que se vive y se percibe esta manifestación cultural tan significativa.

Durante su etapa como bailarín, Paz se identificó principalmente con el bloque Caporales San Simón. Esta danza es reconocida por su energía desbordante y movimientos vigorosos que requieren gran destreza física y resistencia. Los caporales son uno de los símbolos más representativos del folclore boliviano contemporáneo, fusionando elementos tradicionales con una marcada presencia escénica que cautiva tanto a locales como a visitantes. Además de su afinidad con los caporales, Paz manifestó un vínculo especial con la Morenada, otra danza emblemática dentro del Carnaval que destaca por su colorido y significado histórico-religioso vinculado a la devoción hacia la Virgen del Socavón.

No obstante su entusiasmo por participar activamente en esta tradición cultural-religiosa, desde el año pasado Rodrigo Paz enfrenta una limitación física debido a una lesión en la rodilla que le impide formar parte directamente en la Entrada. A pesar de este impedimento temporal para bailar en las calles durante el Carnaval, aseguró que su compromiso con esta festividad permanece firme e inquebrantable. Expresó además su intención clara de retomar pronto su participación activa tan pronto su salud se lo permita, reafirmando así su profunda conexión personal con esta manifestación cultural.

La relación entre Rodrigo Paz Pereira y el Carnaval de Oruro trasciende lo protocolar o meramente simbólico; es una historia construida a partir de años de entrega constante a una celebración que amalgama cultura popular, tradición ancestral y fe religiosa. Esta experiencia vivida desde dentro le otorga una perspectiva única sobre el valor cultural e identitario del Carnaval para Bolivia. En este sentido, Paz representa no solo al mandatario del país sino también a un ciudadano comprometido con preservar y proyectar hacia el mundo una expresión genuina de la identidad boliviana. Su trayectoria dentro del Carnaval es un testimonio vivo del papel fundamental que juega esta festividad en la construcción colectiva de memoria histórica y orgullo nacional

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