En el inicio de esta nueva semana, la problemática relacionada con el abastecimiento de combustible en la refinería de Palmasola, ubicada en la zona sur de la capital cruceña, continúa generando preocupación. A pesar de un acuerdo previo establecido entre la Federación de Empresarios Cisterneros del Oriente y Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), las filas de cisternas esperando para descargar combustible no solo persisten, sino que se han mantenido por un período prolongado que supera lo inicialmente pactado.
El convenio firmado contemplaba un lapso máximo de cinco días para que las cisternas pudieran ingresar y realizar la descarga del combustible. Sin embargo, este plazo ha sido ampliamente superado, según reportes provenientes directamente de los choferes encargados del transporte. Algunos de ellos manifiestan que llevan aguardando más de 25 días para poder acceder a las instalaciones y cumplir con su labor. Esta situación evidencia un retraso significativo respecto a lo acordado y denota una falta de capacidad operativa o problemas logísticos dentro del sistema de distribución.
Quienes han logrado ingresar a la refinería describen un procedimiento lento y poco eficiente, lo cual contribuye a que el proceso general se extienda y genere un efecto acumulativo en las filas externas. La lentitud en la descarga no solo afecta a los transportistas y sus tiempos laborales, sino que también tiene implicaciones directas sobre el abastecimiento general de combustible en la región. La acumulación constante de cisternas genera congestión en las inmediaciones del complejo industrial y podría impactar en la distribución final hacia diversos puntos de venta o consumo.
Este escenario pone en evidencia desafíos importantes para YPFB y sus socios estratégicos en cuanto a la gestión operativa dentro de una instalación clave para el suministro energético local. La persistencia del retraso también puede tener repercusiones económicas tanto para los empresarios cisterneros como para los consumidores finales, ya que cualquier demoras prolongada en el flujo normal del combustible puede traducirse eventualmente en desabastecimientos o aumentos en los costos asociados.
En definitiva, la situación actual refleja una disonancia entre los compromisos asumidos por las partes involucradas y la realidad operativa observada, lo cual genera incertidumbre sobre cuándo podrá normalizarse el proceso. La continuidad de las filas y el incremento del tiempo de espera ponen sobre la mesa la necesidad urgente de revisar los mecanismos logísticos y administrativos para garantizar un flujo más ágil y eficiente dentro del sistema energético regional. La población cruceña sigue atenta a cómo se desarrollarán las acciones destinadas a superar estos obstáculos que afectan directamente al sector transporte y al abastecimiento general

