Durante la ceremonia de firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur, celebrada en Asunción, el presidente boliviano Rodrigo Paz sorprendió al público al evocar un episodio histórico que marcó profundamente a la región: la Guerra del Chaco. En su intervención, compartió una emotiva anécdota familiar relacionada con este conflicto bélico que enfrentó a Bolivia y Paraguay en la década de 1930.

Paz recordó que su abuelo, Néstor Paz, fue un combatiente en aquella guerra, quien llegó a ser prisionero en Paraguay durante dos años y regresó a Bolivia llevando consigo una bala alojada en la cadera, recuerdo tangible de la contienda. Relató cómo su abuelo solía mostrar esa herida como símbolo de un mensaje de reconciliación: “Esta es la prueba de que entre hermanos nunca más”, expresó, frase que fue recibida con un prolongado aplauso por parte de los asistentes.

El presidente paraguayo Santiago Peña escuchó atentamente estas palabras, que fueron destacadas por la prensa local como uno de los momentos más conmovedores y significativos de la jornada. Medios paraguayos resaltaron el tono conciliador y personal del discurso, subrayando el llamado a superar las diferencias históricas y fortalecer la integración regional.

Tras la ceremonia, Paz informó a través de sus redes sociales sobre la concreción de preacuerdos con varias delegaciones presentes en el evento. Aunque no se difundieron detalles específicos, se conoció que las conversaciones privadas entre Bolivia y Paraguay avanzaron en proyectos conjuntos relacionados con infraestructura y energía, incluyendo iniciativas para mejorar la conectividad a través de la Hidrovía Paraguay-Paraná, el desarrollo del Corredor Bioceánico y la cooperación en la exportación de gas y otros recursos bolivianos.

La Guerra del Chaco, que tuvo lugar entre 1932 y 1935, fue un enfrentamiento armado motivado por la disputa territorial sobre el Chaco Boreal, zona considerada entonces de gran valor estratégico y posible riqueza en hidrocarburos. Este conflicto se desarrolló en condiciones adversas, con un clima extremo y dificultades logísticas, y dejó un saldo aproximado de 90.000 fallecidos, divididos entre bolivianos y paraguayos.

El conflicto concluyó con un cese al fuego en junio de 1935, seguido por la firma del Tratado de Paz, Amistad y Límites en 1938, que otorgó a Paraguay la mayor parte del territorio en disputa, mientras que Bolivia mantuvo una salida fluvial hacia el río Paraguay. Este episodio tuvo un impacto profundo en la política, la sociedad y el ámbito militar de ambos países, siendo un punto de inflexión especialmente en Bolivia.

En Paraguay, la Guerra del Chaco es considerada una victoria histórica y un elemento central de la identidad nacional, con numerosos monumentos, museos y conmemoraciones dedicados a preservar la memoria de este episodio. La guerra forma parte esencial del relato patriótico y educativo en el país, reflejando su importancia en la construcción de la historia y la cultura paraguaya del siglo XX

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