A pocas horas de cerrar el 2025 y dar inicio a un nuevo ciclo, Oriente Petrolero se encuentra inmerso en un ambiente de incertidumbre que afecta tanto su gestión institucional como su desempeño deportivo.
La reciente reincorporación de Ronald Raldes, tras la anulación de su sanción por parte del Tribunal de Ética, no logró generar el respaldo esperado dentro del entorno del club. Su regreso estuvo orientado a recuperar la estabilidad, especialmente en el ámbito económico y organizativo, pero hasta ahora no se han evidenciado avances significativos que apunten a una mejora sustancial.
En declaraciones previas, Raldes había anticipado una reestructuración profunda debido a problemas internos que afectan al club, mencionando la realización de una auditoría externa para garantizar transparencia y la presentación de un plan claro para el futuro. Sin embargo, estos compromisos aún no se han materializado, manteniendo la sensación de estancamiento que ha acompañado a la institución en los últimos años.
En cuanto al aspecto deportivo, la incertidumbre persiste. El club aún no ha oficializado al entrenador que dirigirá al equipo en la próxima temporada, aunque se baraja la posibilidad de que el técnico español David González asuma el cargo. Paralelamente, Oriente Petrolero enfrenta restricciones para habilitar jugadores durante los próximos tres periodos de inscripción debido a sanciones derivadas de demandas ante la FIFA, situación que obliga a la entidad a buscar con urgencia recursos económicos para superar esta limitación.
De este modo, el club encara el inicio de 2026 con desafíos importantes y sin señales claras de cambio, en un contexto que demanda respuestas rápidas y efectivas para revertir la actual coyuntura

