En la zona de Marquina, perteneciente al municipio de Quillacollo en Cochabamba, una niña de apenas 11 años sufrió un ataque por parte de un perro que escapó de una vivienda y la mordió mientras jugaba con otros niños en la calle. Este incidente ha generado preocupación en la comunidad debido a las circunstancias que permitieron que el animal se soltara y causara daño a una menor de edad.

Según el relato proporcionado por la hermana de la víctima, el perro estaba inicialmente ubicado en el segundo piso de una casa. La propietaria del inmueble, por un descuido, permitió que el animal saliera del interior, lo cual derivó en que el perro bajara corriendo y atacara a la niña que se encontraba jugando con otros menores en la vía pública. Este hecho pone en evidencia una posible negligencia en el manejo y control del animal dentro del hogar, situación que derivó en consecuencias graves para la menor afectada.

La hermana afectada explicó que, aunque la dueña del perro intentó intervenir para detener el ataque y liberar a la niña, el animal persistió en morderla hasta que finalmente lograron separarlos. Las heridas causadas por las mordeduras fueron de considerable gravedad, motivo por el cual la menor fue trasladada con urgencia a un centro médico para recibir atención profesional inmediata.

En el hospital se confirmó que las lesiones requerirán un tratamiento complejo y prolongado. La niña fue sometida a una primera aplicación del antibiótico Amoxicilina-Ácido Clavulánico (BAC), medicamento utilizado para prevenir infecciones derivadas de mordeduras. Sin embargo, debido a la extensión y profundidad de las heridas, será necesario realizar múltiples intervenciones quirúrgicas para reconstruir los tejidos dañados. Se estima que la pequeña deberá someterse a entre tres y cinco cirugías durante su proceso de recuperación.

Este lamentable episodio refleja no solo los riesgos asociados al manejo inadecuado de animales domésticos potencialmente peligrosos sino también las consecuencias directas para las víctimas, especialmente cuando se trata de niños pequeños jugando en espacios públicos. La negligencia atribuida a la propietaria del perro ha generado indignación entre los familiares y vecinos, quienes demandan mayor responsabilidad y medidas preventivas para evitar futuros accidentes similares.

Además del impacto físico y emocional sobre la menor atacada, esta situación plantea un llamado urgente a las autoridades locales y a los propietarios de mascotas sobre la necesidad de mantener un control estricto sobre los animales dentro de sus propiedades. El caso también subraya la importancia de contar con protocolos claros para manejar emergencias relacionadas con ataques caninos, asegurando una respuesta rápida tanto para proteger a las víctimas como para evaluar acciones legales pertinentes contra quienes no cumplen con su deber de cuidado.

Por lo pronto, la familia continúa apoyando a la niña durante su recuperación médica mientras esperan que las intervenciones quirúrgicas permitan restaurar su salud lo antes posible. El hecho ha sido difundido por medios locales generando conciencia sobre los riesgos asociados al descuido en el manejo de perros y promoviendo un debate sobre las normas vigentes para garantizar seguridad tanto dentro como fuera del hogar en comunidades donde estos animales conviven con niños

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