Miles de mineros participaron este sábado en la emblemática procesión del Cristo crucificado conocido como Tata Q’ajcha, que desciende desde el histórico Cerro Rico de Potosí. Esta tradición, reconocida como Patrimonio Cultural de Bolivia, busca obtener un reconocimiento internacional por parte de la Unesco.

La ceremonia, que forma parte fundamental del Carnaval Minero, inicia en el Sumaj Orko —que en quechua significa gran cerro— y concluye en la ciudad de Potosí. Durante el recorrido, la imagen del Cristo se combina con la veneración a la Virgen de la Candelaria, reflejando una fusión entre la fe católica y las costumbres mineras.

Este evento folclórico representa un encuentro entre la religiosidad, la actividad minera y la creencia en las deidades que habitan el interior de la mina. Participan decenas de cooperativas mineras, que en esta edición sumaron alrededor de 60 agrupaciones, según informó el dirigente de la Federación Departamental de Cooperativas Mineras (Fedecomin) de Potosí.

El desfile se caracteriza por la alegría y el dinamismo de los mineros, quienes descienden bailando y portando sus cascos adornados con mixtura y serpentinas. Durante el trayecto, recrean gestos propios de su labor, como el uso del combo y cincel para trabajar la tierra, y los encargados de cargar las estructuras de madera que sostienen las imágenes religiosas lo hacen mientras bailan, generando un movimiento vibrante y descoordinado.

Además del descenso del Tata Q’ajcha, el Carnaval Minero incluye un gran desfile de fraternidades que exhiben danzas típicas de la región. Entre ellas destacan el pujllay, que utiliza monteras que representan a los conquistadores españoles y ojotas con plataformas altas; el t’inku, que simboliza un enfrentamiento ritual entre bailarines; así como la diablada, morenada y caporales, que son manifestaciones culturales presentes en diversas festividades bolivianas.

Esta celebración es una mezcla de tradiciones precolombinas, prácticas católicas instauradas durante la colonia y la herencia de la mita, el sistema de trabajo obligatorio impuesto en la época colonial, especialmente en el Cerro Rico, que fue uno de los yacimientos de plata más importantes del mundo en el siglo XVI. También incorpora elementos relacionados con el ciclo agrícola y las actividades mineras actuales.

El Carnaval Minero se extiende aproximadamente por un mes e incluye varias etapas, comenzando con el domingo de ‘vitichi’, donde se realizan los primeros rituales. Luego se lleva a cabo el descenso del Tata Q’ajcha, seguido por la T’ikachada y la ch’alla, ceremonias en las que se decoran los lugares de trabajo con flores, mixtura y serpentinas. El ciclo concluye el lunes de carnaval con la ch’alla, un acto de agradecimiento a la Pachamama o Madre Tierra, realizado en las áreas donde se encuentran las máquinas y herramientas mineras.

Desde 2013, el Carnaval Minero está reconocido oficialmente como Patrimonio Cultural de Bolivia, destacando su valor histórico, social y cultural para la nación

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