Desde las primeras horas de la madrugada, en diversas regiones del occidente boliviano, se vivió una atmósfera festiva y cargada de simbolismo con el inicio del tradicional Martes de Ch’alla. Esta jornada, profundamente arraigada en la cosmovisión andina, se caracteriza por la detonación de cohetillos y el lanzamiento de confites sobre los techos de las viviendas, prácticas que marcan el inicio de una serie de rituales dedicados a la Pachamama, o Madre Tierra. En esta fecha especial, no solo los hogares se preparan para recibir la bendición, sino que también los autos y negocios son adornados con serpentinas y globos, elementos que aportan colorido y alegría a la celebración.
En la ciudad de La Paz, específicamente en el barrio Villa Fátima, Roberto Mamani ejemplificó esta tradición al ordenar cuidadosamente la leña para encender una pequeña fogata destinada a quemar la “mesa” o q’oa. Este acto simbólico representa un agradecimiento profundo a la tierra por su generosidad y protección. Roberto expresó un deseo común entre quienes participan en esta ceremonia: que su hogar perdure en el tiempo, que puedan ampliar su vivienda y que el vehículo familiar los lleve a viajes placenteros. Este tipo de anhelos reflejan la esperanza y confianza depositadas en las bendiciones que se solicitan mediante el ritual.
La q’oa es un elemento central del Martes de Ch’alla y está compuesta por diversos ingredientes cuidadosamente seleccionados por su significado espiritual. Miriam Terán, una vendedora con amplia experiencia en este tipo de ofrendas, explicó que cada componente tiene un propósito específico: las lanas de colores simbolizan protección y energía vital; los dulces representan deseos de bienestar en el amor; mientras que otros elementos buscan asegurar salud y prosperidad en los negocios. La bebida utilizada para rociar o ch’allar puede variar entre cerveza, alcohol o vino, según las preferencias y tradiciones familiares.
Este día festivo no solo afecta las actividades domésticas sino también las comerciales y laborales. En todas las ciudades capitales y provincias del país, los mercados permanecen cerrados durante esta jornada especial. Las terminales de buses suspenden sus salidas debido a que los choferes realizan el ritual ch’allando sus vehículos para pedir protección durante todo el año; además, se prohíbe que trabajen ese día para minimizar riesgos y prevenir accidentes viales. Esta medida refleja una combinación entre respeto cultural y preocupación por la seguridad pública.
La preparación para el Martes de Ch’alla comienza varios días antes. Desde el viernes anterior ya se comercializan los ingredientes necesarios para armar las q’oas. En mercados como Calatayud en Cochabamba, estas ofrendas pueden encontrarse desde precios accesibles hasta opciones más elaboradas con un costo considerablemente mayor. Entre los componentes más valorados están los sullus o fetos de llama, considerados especialmente propicios para agradar a la Pachamama según los comerciantes locales.
Los espacios comerciales también se suman al ambiente festivo decorándose con flores, globos y serpentinas para atraer buenas energías durante todo el año. Tras completar el ritual inicial, es común que los dueños inviten a sus trabajadores, familiares y amigos a participar del ch’allado colectivo. Este momento sirve para fortalecer vínculos sociales y compartir un ambiente cargado de positivismo. Posteriormente se disfruta de comidas típicas acompañadas con bebidas alcohólicas mientras suena música tradicional e incluso grupos musicales en vivo animan las celebraciones según las posibilidades económicas o preferencias personales.
Finalmente, la tradición establece que después de quemar la q’oa, las cenizas deben ser tratadas con respeto especial. Lo habitual es enterrarlas en medio del terreno o propiedad donde se realizó el ritual; algunas personas prefieren conservarlas temporalmente en un rincón dedicado a mantener viva la energía positiva recibida durante la ceremonia. Este acto simboliza un vínculo permanente con la Pachamama y representa un compromiso espiritual hacia la naturaleza que sustenta la vida cotidiana.
El Martes de Ch’alla es mucho más que una simple festividad; es una expresión cultural profunda que reafirma valores ancestrales relacionados con el respeto por la tierra y la búsqueda constante del equilibrio entre lo humano y lo natural. Para millones de bolivianos representa una oportunidad anual para renovar esperanzas, fortalecer relaciones comunitarias e invocar protección para todos los ámbitos personales y colectivos durante el año venidero

