En la madrugada del primero de enero, un incendio devastador cobró la vida de cuatro niñas bolivianas, cuyas edades oscilaban entre los cinco y quince años. La tragedia ocurrió en una vivienda donde, además de las menores, residían varias familias que resultaron afectadas por el fuego. La madre de las víctimas, Lidia Zepita, originaria de La Paz, había emigrado a Chile hace dos años acompañada de sus hijas en busca de mejores oportunidades laborales y acceso a tratamientos médicos.
El siniestro comenzó alrededor de las cinco de la mañana, presuntamente debido a un fallo en la instalación eléctrica que, tras la explosión de una garrafa de gas, se propagó con rapidez, alcanzando al menos tres viviendas en la zona. Las construcciones, hechas con materiales ligeros y ubicadas en un área de difícil acceso, facilitaron la expansión del incendio y dificultaron la labor de los equipos de emergencia. Las autoridades continúan investigando las causas exactas del incidente.
En medio de la desesperación, la madre relató cómo al despertar encontró las llamas bloqueando la salida de su habitación. Intentó pedir ayuda, pero al regresar el fuego ya era incontrolable, impidiéndole rescatar a sus hijas. Actualmente, Zepita busca apoyo para repatriar los cuerpos de sus hijas a La Paz y poder darles sepultura en su tierra natal. Según la comunidad boliviana en Chile, el costo del traslado de cada féretro ronda los seis millones de pesos chilenos, equivalentes a aproximadamente 46.000 bolivianos.
Además de esta pérdida irreparable, otras familias de origen boliviano en el mismo sector sufrieron daños materiales y afectaciones por inhalación de humo y lesiones derivadas del incendio. Las autoridades policiales confirmaron la muerte de las menores y señalaron que continúan atendiendo a las personas afectadas. Este trágico suceso ha generado un profundo impacto tanto en la comunidad boliviana residente en Chile como en la sociedad chilena en general

