El Miércoles de Ceniza marcó el inicio oficial del tiempo litúrgico de la Cuaresma, un período fundamental para la Iglesia Católica que se extiende por 40 días. Este tiempo especial invita a los fieles a un proceso profundo de conversión, reflexión y preparación espiritual, en el camino hacia la celebración central de la fe cristiana: la Pascua. En templos y parroquias distribuidos a lo largo y ancho del país, miles de creyentes participaron en la tradicional ceremonia de imposición de la ceniza, un rito cargado de simbolismo que recuerda la fragilidad humana y el llamado constante a volver a Dios con un corazón renovado.
Desde el Vaticano, el Papa León XIV difundió su mensaje para esta Cuaresma 2026 bajo el lema “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”. En este documento, compartido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede, el Pontífice invitó a los fieles a centrar sus vidas nuevamente en el misterio divino. Explicó que este itinerario cuaresmal representa una oportunidad para escuchar atentamente la voz del Señor y renovar con firmeza la decisión personal de seguir a Cristo. La llamada del Papa es clara: este no es solo un tiempo litúrgico más, sino un momento propicio para reorientar nuestras prioridades espirituales.
En su mensaje, León XIV destacó particularmente dos prácticas esenciales durante este periodo: la escucha y el ayuno. Subrayó que escuchar no es simplemente oír palabras, sino abrir el oído interior para atender tanto a Dios como a los más necesitados, entendiendo que esta atención es el primer signo del deseo genuino por establecer una relación profunda y auténtica con el otro. En cuanto al ayuno, enfatizó que debe trascender una mera práctica externa o ritualista; debe ser una disposición interior que permita abrir espacio a la Palabra divina y cultivar un hambre y sed auténticos de justicia. De esta forma, el ayuno se convierte en una herramienta espiritual que educa y transforma.
Además, el Papa hizo un llamado especial a “desarmar el lenguaje”, invitando a renunciar al uso de palabras hirientes, juicios rápidos o calumnias que solo fomentan divisiones. Propuso esforzarse por medir cuidadosamente las palabras e impulsar una cultura basada en la amabilidad. Este cambio no solo es necesario dentro del ámbito familiar o laboral, sino también en las redes sociales y debates públicos contemporáneos, donde las palabras pueden ser vehículo tanto de odio como de esperanza y paz.
En Bolivia, estas reflexiones tuvieron eco durante las celebraciones locales. En la Catedral Metropolitana Basílica Nuestra Señora de La Paz, monseñor Giovani Edgar Arana presidió la misa del Miércoles de Ceniza y alentó a los fieles a vivir este tiempo como una verdadera oportunidad para retornar al amor divino con todo el corazón. Durante su homilía recordó que la Cuaresma sigue inmediatamente al Carnaval, una etapa festiva caracterizada por su alegría desbordante y expresiones culturales ricas pero también ruidosas. Por ello llamó a “rasgar el corazón” para dejarse tocar por la Palabra de Dios e iniciar así un cambio auténtico.
El obispo Arana enfatizó que solo quienes tienen capacidad real de escucha pueden experimentar una conversión sincera. Antes del rito central donde se impone en la frente la cruz hecha con ceniza —un gesto emblemático que simboliza nuestra mortalidad y nos recuerda “eres polvo y al polvo volverás”— los fieles fueron motivados a asumir esta conciencia con humildad y esperanza.
Este período litúrgico invita además a revisar las actitudes cotidianas desde una perspectiva renovada: fortalecer la oración personal diaria y asumir compromisos concretos dirigidos al cambio interior. Desde esta perspectiva, la Cuaresma no debe entenderse únicamente como una tradición religiosa más dentro del calendario eclesiástico; es ante todo una oportunidad real para transformar profundamente nuestro ser.
En Santa Cruz, otra importante sede eclesiástica boliviana vivió también este inicio cuaresmal con solemnidad en la Basílica Menor de San Lorenzo. El arzobispo René Leigue Cesari junto a otros obispos arquidiocesanos celebraron allí la primera eucaristía del Miércoles de Ceniza. Durante su homilía insistió en uno de los mensajes bíblicos fundamentales para esta temporada: “Déjense reconciliar con el Señor”. Destacó que esta reconciliación no está limitada por calendarios ni fechas específicas; se trata más bien de un cambio profundo y permanente dentro del corazón humano.
Leigue explicó que la imposición de ceniza es mucho más que un símbolo; representa arrepentimiento sincero y compromiso firme con una vida renovada en Dios. Recordó además que esta reconciliación comienza primero dentro del corazón propio para luego proyectarse hacia los demás mediante actitudes concretas.
El arzobispo invitó también a vivir prácticas solidarias desde lo más profundo del alma: hacer el bien sin buscar reconocimiento ni exhibicionismo. Propuso igualmente vivir un ayuno no solo físico sino también verbal: evitar palabras divisivas o comentarios que generen muros entre las personas; en cambio promover siempre actitudes orientadas hacia la unidad.
Con estos llamados contundentes centrados en escuchar con atención, ayunar desde el interior y abrirse sinceramente al perdón y reconciliación, la Iglesia Católica dio inicio formal al camino cuaresmal 2026. Se trata así de invitar nuevamente a todos los fieles —en Bolivia y alrededor del mundo— a vivir estos 40 días como un tiempo propicio para una transformación interior profunda capaz de renovar esperanzas personales y comunitarias frente a los desafíos presentes

