El Hospital Rubén Zelaya de Yacuiba enfrenta una crisis sanitaria profunda que ha puesto en jaque la atención médica de la población local, evidenciada recientemente por el fallecimiento de una mujer de 42 años que presentaba síntomas compatibles con chikungunya. Este deceso ha generado preocupación y alarma entre los ciudadanos, quienes denuncian que la saturación del servicio es tal que pacientes se ven obligados a esperar incluso en los pasillos y aceras del hospital, en condiciones precarias y sin la atención adecuada.
La emergencia del hospital, principal centro de salud en la región, ha colapsado debido a una notoria falta de personal capacitado para atender la creciente demanda generada por brotes epidemiológicos como el dengue y el chikungunya. La situación se agrava por la insuficiencia de insumos médicos y medicamentos tanto en el hospital como en los centros de salud periféricos, lo que disminuye aún más las posibilidades de un tratamiento oportuno y efectivo para quienes requieren atención urgente.
El caso trágico de Rosmery, la mujer fallecida, pone en evidencia las deficiencias del sistema. Su esposo relató que al momento de buscar ayuda médica durante la madrugada, su esposa fue atendida por profesionales aparentemente sin experiencia suficiente para manejar casos complejos. A pesar de que inicialmente se percibió una mejoría tras la administración de sueros, horas después se informó su fallecimiento sin claridad sobre las causas exactas. Esta falta de información y respuesta genera desconfianza y exige una revisión detallada sobre los protocolos y capacidades del hospital para enfrentar emergencias epidemiológicas.
Los testimonios recogidos reflejan un descontento generalizado entre los usuarios del hospital. Una vecina expresó con indignación la precariedad no solo en la atención médica sino también en las condiciones físicas del nosocomio, donde pacientes permanecen esperando en espacios inadecuados por falta de camillas y camas disponibles. Además, denunció problemas internos entre el personal sanitario, lo cual afecta aún más la calidad del servicio ofrecido. Esta percepción negativa señala un colapso estructural que va más allá del número limitado de trabajadores e involucra aspectos organizativos y logísticos.
En respuesta a esta situación crítica, las autoridades municipales anunciaron la contratación temporal de 22 profesionales sanitarios para reforzar la atención durante tres meses. Este grupo incluye licenciadas en enfermería, bioquímicas, farmacéuticas, auxiliares y técnicos especializados como radiólogos y ecografistas. También se habilitó un consultorio exclusivo para pacientes con síntomas compatibles con dengue o chikungunya, con un equipo dedicado que busca mejorar el diagnóstico y tratamiento oportuno. Sin embargo, tanto la administración como la dirección del hospital reconocen que estas incorporaciones son insuficientes frente a las necesidades reales del centro.
El director del hospital enfatizó que desde finales del año anterior se perdió a un equipo considerable de 90 trabajadores cuya contratación no fue renovada ni reemplazada adecuadamente. El número actual contratado representa apenas una fracción mínima comparada con lo requerido para garantizar una atención eficiente y continua. Según sus estimaciones profesionales, el hospital debería contar con al menos 125 personas trabajando para cubrir adecuadamente todos sus servicios y responder a emergencias sanitarias como las actuales.
El alcalde local atribuye esta crisis multifactorial principalmente a problemas financieros derivados de retrasos o incumplimientos en las transferencias presupuestarias desde instancias regionales y nacionales. En particular menciona el recorte del 10% correspondiente a regalías destinadas al sector salud y las limitaciones impuestas por el Ministerio de Salud respecto a la contratación directa de personal especializado. A pesar de estas dificultades presupuestarias, el municipio ha realizado esfuerzos para contratar alrededor de 40 trabajadores destinados a reforzar no solo el hospital sino también los centros médicos primarios distribuidos en diferentes barrios.
Esta situación pone en evidencia un problema estructural que afecta directamente a miles de habitantes dependientes del Hospital Rubén Zelaya para recibir atención médica básica y especializada. La saturación actual limita severamente el acceso oportuno a servicios esenciales frente a enfermedades transmisibles que requieren manejo inmediato para evitar complicaciones graves o muertes evitables. La carencia prolongada e insuficiente tanto en recursos humanos como materiales compromete no solo la calidad sino también la confianza ciudadana hacia el sistema público sanitario local.
En conclusión, el contexto sanitario actual demanda una respuesta integral por parte de todas las autoridades involucradas para revertir esta crisis antes que se profundice aún más con nuevas víctimas fatales o brotes incontrolados. La mejora urgente del recurso humano especializado es fundamental pero debe ir acompañada por gestión eficiente, provisión adecuada de insumos médicos y sistemas organizativos robustos que garanticen una atención digna para toda la población afectada por estas enfermedades endémicas. Mientras tanto, familiares como Román Vilca exigen respuestas claras sobre lo ocurrido con sus seres queridos, reflejando así una necesidad social imperiosa que va más allá del ámbito clínico: recuperar confianza y seguridad en los servicios públicos esenciales para preservar vidas humanas

