Este domingo marca un hito importante para Bolivia, ya que Rodrigo Paz cumple sus primeros tres meses al frente del gobierno en un contexto que ha sido descrito como uno de los más críticos en décadas para el país. Al asumir el poder, Paz encontró una Bolivia sumida en una profunda crisis económica y energética que no se veía desde hace más de treinta años. El país enfrentaba una severa escasez de dólares en el mercado formal, lo que llevó a que la divisa estadounidense alcanzara niveles históricos en el mercado paralelo, llegando a cotizarse hasta en 20 bolivianos por dólar. Además, la carencia de combustible subvencionado generó jornadas marcadas por la incertidumbre y dificultades para la población.
Sin embargo, en las semanas recientes se han comenzado a observar cambios significativos. La cotización del dólar en el mercado paralelo se ha estabilizado alrededor de los 9 bolivianos, una señal clara de mejoría en la economía informal y un indicio de mayor control sobre las variables cambiarias. Paralelamente, los precios de los combustibles han sido ajustados, lo que contribuye a una mayor previsibilidad para consumidores y sectores productivos. Estas transformaciones no solo repercuten en la economía doméstica sino que también impactan positivamente en la percepción internacional sobre Bolivia, evidenciado por una disminución notable del riesgo país.
El cambio en este indicador financiero es especialmente relevante. En febrero de 2025, Bolivia registraba un riesgo país alarmante de 2.021 puntos, situándose como el segundo país con mayor riesgo financiero en América, solo superado por Venezuela. En tan solo tres meses bajo la gestión de Paz, este índice descendió por debajo de los 600 puntos. Este avance es destacado no solo por su magnitud sino también porque otros países han tardado años para lograr mejoras semejantes. El presidente atribuye este logro a la resiliencia y madurez del pueblo boliviano, resaltando que la estabilidad económica es un bien público fundamental para toda la sociedad.
Un aspecto crucial dentro de estos primeros meses ha sido el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos después de más de 18 años de ruptura. Desde su llegada al poder en noviembre pasado, el gobierno de Paz ha priorizado el acercamiento con Washington, buscando normalizar vínculos que se habían deteriorado durante las administraciones anteriores. El canciller boliviano, Fernando Aramayo, encabezó una serie de reuniones claves en Washington con altos funcionarios estadounidenses como el secretario de Estado Marco Rubio y el subsecretario Cristóbal Landau.
Estos encuentros no solo reafirmaron el compromiso mutuo de fortalecer la cooperación bilateral sino que también abrieron las puertas a una próxima visita a Bolivia por parte de una comisión técnica estadounidense. Este gesto diplomático representa un giro significativo respecto a las políticas exteriores adoptadas durante los gobiernos socialistas previos encabezados por Evo Morales y Luis Arce, quienes privilegiaron alianzas con naciones como China, Rusia, Venezuela y Cuba mientras mantenían distancia con las principales potencias occidentales.
En medio del escenario político y económico favorable para el gobierno actual, no han faltado tensiones internas dentro del propio oficialismo. La relación entre Rodrigo Paz y Edmand Lara ha mostrado signos evidentes de distanciamiento durante estas semanas. Lara ha adoptado una postura crítica hacia Paz y su gabinete desde plataformas digitales como TikTok, autodenominándose opositor dentro del espacio político donde ambos deberían colaborar.
Recientemente Lara intentó tender puentes proponiendo un diálogo para resolver diferencias; sin embargo, al no recibir respuesta favorable decidió dar un paso al costado temporalmente dejando gestionar al presidente pero advirtiendo sobre posibles errores futuros derivados de las decisiones tomadas desde Palacio Quemado. Frente a estas críticas públicas y virales, Paz optó por mantener la calma evitando responder directamente a los señalamientos vía redes sociales e insistiendo en centrarse en su trabajo cotidiano junto a la ciudadanía.
Este primer trimestre bajo el liderazgo de Rodrigo Paz evidencia así un proceso complejo pero alentador para Bolivia: la superación gradual pero firme de una crisis económica profunda acompañada por importantes avances diplomáticos internacionales y desafíos internos propios del ejercicio del poder político. La estabilización monetaria y energética junto con la apertura hacia Estados Unidos podrían sentar bases sólidas para una recuperación sostenida mientras las tensiones políticas internas demandan equilibrio y diálogo constructivo para consolidar un proyecto nacional inclusivo y efectivo frente a los retos presentes

