A pocas semanas de celebrarse las elecciones subnacionales, el ambiente político se encuentra en plena efervescencia, con una campaña electoral que avanza rápidamente y un escenario donde varios dirigentes buscan asegurar su continuidad en cargos públicos. Sin embargo, este proceso ha generado críticas y cuestionamientos sobre la dinámica que impera entre ciertos actores políticos, quienes parecen tener una dependencia casi exclusiva de la función pública para su desarrollo personal y profesional.

Un análisis profundo realizado por el especialista Paul Antonio Coca pone en evidencia un fenómeno preocupante: la persistencia de numerosos políticos que, a pesar de haber sido derrotados en procesos electorales anteriores, insisten en postularse nuevamente. Según Coca, estas personas no solo demuestran una falta de alternativas fuera del ámbito político, sino que evidencian un afán por mantenerse dentro del sistema a toda costa. Este comportamiento refleja una dificultad para desvincularse de la vida política, como si fuera la única vía para ejercer una actividad profesional o social significativa.

El contexto actual muestra que gobernadores de varios departamentos importantes están optando por buscar la reelección. Entre ellos destacan figuras como Luis Fernando Camacho en Santa Cruz, Santos Quispe en La Paz y los gobernadores de Pando y Beni. De igual manera, alcaldes de capitales departamentales como Iván Arias en La Paz y Manfred Reyes Villa en Cochabamba intentan renovar sus mandatos. Esta tendencia hacia la reelección puede interpretarse como un intento por parte de estas autoridades de consolidar proyectos o mantener el control político regional, pero también revela un grado significativo de concentración del poder local.

Por otro lado, el panorama electoral incluye a exfuncionarios y políticos tradicionales que han visto truncadas sus posibilidades de mantenerse o regresar al poder a través de candidaturas subnacionales. En este grupo se encuentran exministros del gobierno anterior encabezado por Jeanine Áñez, como Yerko Núñez y Víctor Hugo Zamora, quienes buscan cargos en departamentos como Tarija. También destaca la figura del exprefecto Mario Cossio y el exalcalde Edgar Bazán, este último con antecedentes judiciales relacionados con un caso emblemático como la compra irregular de mochilas escolares. A pesar de estos antecedentes negativos, persisten en sus aspiraciones políticas.

Además, algunos candidatos han quedado fuera del proceso electoral debido a problemas vinculados a sus partidos políticos. Tal es el caso del exmagistrado Gualberto Cusi y del concejal Juan Carlos Medrano, quienes no pudieron participar porque el partido ADN perdió su personería jurídica. De manera similar ocurrió con el exdirigente campesino Rafael Quispe y el alcalde Jhonny Fernández; ambos quedaron fuera debido a la pérdida o falta de sigla partidaria necesaria para inscribirse legalmente como candidatos.

Este conjunto de situaciones refleja una realidad política donde las líneas ideológicas se han difuminado considerablemente. Según Paul Antonio Coca, tras la caída del Movimiento al Socialismo (MAS) como fuerza dominante en ciertas regiones, se ha producido una migración masiva de militantes hacia diversos partidos sin respetar coherencias ideológicas ni programas políticos claros. El objetivo principal parece ser simplemente regresar al ejercicio del poder político más que representar proyectos genuinos o visiones definidas para sus comunidades.

La consecuencia directa para los ciudadanos es un escenario electoral marcado por candidaturas impulsadas más por intereses personales o estrategias electorales oportunistas que por compromisos programáticos o propuestas transformadoras. Esta situación podría afectar la calidad democrática del proceso subnacional y generar desconfianza entre los electores respecto a las motivaciones reales detrás de cada candidatura.

En definitiva, la coyuntura actual invita a reflexionar sobre la naturaleza del ejercicio político local y regional, cuestionando hasta qué punto las prácticas actuales contribuyen al fortalecimiento institucional o si más bien perpetúan dinámicas clientelares y personalistas que limitan el desarrollo político sostenible y pluralista en los departamentos afectados. El próximo proceso electoral será una prueba clave para evaluar cómo estos factores inciden en las preferencias ciudadanas y en el futuro político inmediato del país

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