Una reciente filtración de documentos ha puesto al descubierto la amplitud de una red de desinformación con conexiones a intereses rusos, la cual ha estado operando en más de 30 países, entre ellos Bolivia y Argentina. Esta red utiliza una variedad de estrategias que incluyen propaganda, financiamiento a medios de comunicación y maniobras de influencia política para promover narrativas que favorecen a Moscú y minar la percepción de Occidente.
La investigación, que ha sido llevada a cabo por el consorcio internacional Forbidden Stories, revela que esta estructura, conocida internamente como “la Compañía”, ha destinado millonarias sumas al desarrollo de sus actividades. Durante el periodo comprendido entre enero y octubre de 2024, el presupuesto asignado alcanzó los 7,3 millones de dólares, reflejando la magnitud del esfuerzo por posicionar mensajes favorables a Rusia en diversas regiones del mundo.
Desde el inicio de la publicación de los hallazgos en febrero, las repercusiones han llegado a Argentina, donde el presidente Javier Milei se pronunció recientemente, afirmando que se comprometerá hasta las últimas consecuencias para identificar las responsabilidades relacionadas con este escándalo.
La situación en Bolivia también ha sido abordada por los documentos filtrados. En este contexto, se menciona la intervención de agentes rusos tras la denuncia sobre un posible “autogolpe” ocurrido el 26 de junio de 2024. La intención aparente era minimizar el impacto político del evento y redirigir la atención del público hacia otras cuestiones. Las filtraciones indican que se organizó el envío de expertos a La Paz con el propósito de elaborar estrategias comunicacionales que respaldaran al gobierno en ese momento. Hasta ahora, la administración liderada por Rodrigo Paz no ha emitido ninguna declaración sobre lo revelado.
El operativo parece haber estado bajo la coordinación de Sergei Mashkevich, un personaje central dentro de esta red y considerado uno de los estrategas clave para estabilizar narrativas en naciones aliadas.
Argentina también figura como un foco importante dentro del entramado. Los documentos indican que se realizaron pagos que alcanzaron hasta 2.500 dólares a periodistas y medios para asegurar publicaciones que se alinearan con los intereses promovidos por esta organización. Además, se mencionan acciones simbólicas como la proyección de mensajes antiucranianos durante partidos destacados del fútbol argentino, en lo que parece ser parte de una campaña global más amplia para influir políticamente.
La investigación revela también que uno de los métodos más comunes utilizados fue el pago directo por contenido mediático. Los desembolsos mensuales superaron los 300.000 dólares destinados a artículos, videos y publicaciones en redes sociales.
Los más de 1.400 documentos analizados incluyen planes estratégicos, reportes financieros y evaluaciones sobre el impacto logrado por estas operaciones. Este material evidencia una estructura organizada con vínculos directos a servicios de inteligencia rusos.
Si bien todavía es complicado evaluar el impacto real de estas operaciones en términos concretos, la magnitud del financiamiento involucrado y la sistematicidad observada en sus acciones sugieren una estrategia global bien diseñada para moldear la opinión pública y expandir la influencia geopolítica rusa en lo que se conoce como “Sur Global”.

