El jefe nacional del Frente Revolucionario de Izquierda (FRI), Edgar Guzmán Jaúregui, ha planteado una denuncia contundente sobre el impacto que ha tenido la gestión del ex presidente Evo Morales Ayma y su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), en la estructura social y política de Bolivia. Según Guzmán, durante los veinte años en los que Morales y el MAS estuvieron al mando, no solo se produjo una profunda crisis económica y estatal, sino que también se fracturó la unidad nacional, generando divisiones étnicas que amenazan la cohesión del país.
En sus declaraciones, Guzmán enfatizó que este largo período de gobierno significó un deterioro paulatino pero constante de las instituciones estatales y del sistema económico boliviano. Más allá de esos daños tangibles, señaló que la verdadera tragedia fue la erosión de la identidad nacional. En sus palabras, Bolivia se encuentra actualmente marcada por una división casi étnica entre sus habitantes, una situación que dificulta enormemente la convivencia pacífica y el desarrollo conjunto. Esta fractura social es visible en el alineamiento político y cultural de diferentes grupos étnicos; por ejemplo, algunas comunidades aymaras y quechuas continúan respaldando al MAS, mientras otros sectores no logran establecer un diálogo efectivo con ellos.
Esta realidad representa un desafío serio para el país, pues según Guzmán, ha sido un obstáculo para construir una nación verdaderamente inclusiva desde la Revolución Nacional de 1952 liderada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR). En aquel momento histórico quedó pendiente precisamente ese proceso: construir una identidad boliviana común antes de enfatizar las diferencias regionales o étnicas. Sin embargo, en opinión del líder del FRI, en las dos últimas décadas esta visión quedó rezagada y reemplazada por políticas que acentuaron las divisiones internas.
Esta fragmentación tiene consecuencias directas sobre la viabilidad del Estado y su capacidad para implementar políticas públicas integrales. La institucionalidad nacional se encuentra debilitada y es difícil establecer proyectos nacionales sólidos en áreas esenciales como la salud y la educación. Guzmán destacó que la crisis en el sistema sanitario es particularmente grave. Además, apuntó que los primeros tres meses del nuevo gobierno no son suficientes para revertir estos problemas estructurales profundos heredados tras dos décadas de gestión.
A pesar de estas dificultades, Guzmán reconoció ciertos avances realizados en los primeros cien días del actual mandato gubernamental. Entre las medidas más destacadas mencionó la eliminación de subsidios a los combustibles, una decisión impopular pero necesaria para estabilizar la economía. También valoró positivamente el control sobre el tipo de cambio del dólar, lo cual ha aportado mayor certidumbre a la población frente a un panorama económico incierto.
No obstante, para consolidar realmente una institucionalidad sólida y funcional queda un largo camino por recorrer. Esta tarea se vuelve aún más compleja cuando actores políticos relevantes dentro del gobierno actual generan tensiones internas en lugar de promover unidad. Guzmán criticó expresamente al vicepresidente Edman Lara por contribuir a agravar las dificultades existentes en lugar de apoyar las reformas necesarias.
La denuncia sobre la división étnica no solo tiene un carácter político sino también social profundo. El jefe nacional del FRI destacó que las concentraciones políticas organizadas por el MAS suelen contar principalmente con asistencia campesina proveniente del área rural, mientras otros sectores urbanos mantienen distancias claras con ese partido. Esta disparidad refleja una brecha significativa entre distintos grupos sociales dentro del país.
Para superar este escenario adverso será necesario un proceso largo y sostenido que promueva una verdadera reconciliación nacional. Guzmán subrayó la importancia de trabajar desde las bases educativas para fomentar en las nuevas generaciones el sentido de pertenencia a Bolivia como primer elemento identitario antes que cualquier división regional o étnica. Solo así podría cambiarse el rumbo actual marcado por confrontaciones persistentes.
En definitiva, las declaraciones del líder opositor evidencian un panorama complejo donde convergen problemas económicos agudos con profundas heridas sociales abiertas durante años. La reconstrucción institucional y política demanda no solo voluntad gubernamental sino también un compromiso amplio para superar divisiones históricas y avanzar hacia un proyecto común inclusivo para todos los bolivianos. La estabilidad futura del país dependerá en gran medida de cómo se aborden estos desafíos estructurales tan arraigados

