La provisión de carne en los mercados de la capital chapaca se ve comprometida por la actual escasez de combustible, la cual está generando demoras significativas en el transporte de ganado vivo hacia el Matadero Municipal de Tarija. Esta situación repercute directamente en el costo final del producto para los consumidores.
Actualmente, las instalaciones del matadero operan a un 80 por ciento de su capacidad de faenado. Esta reducción se debe a la irregularidad en la llegada de los camiones que transportan el ganado. Los proveedores enfrentan serias dificultades para cargar combustible, lo que ha alterado drásticamente sus rutas de entrega. Anteriormente, era común que trajeran entre una y dos cargas de ganado por semana; ahora, estas entregas se realizan cada quince días. Esta disminución en la frecuencia de abastecimiento representa un perjuicio considerable para la cadena de suministro de carne en los mercados locales. Se espera que la situación mejore con la implementación de nuevas políticas gubernamentales.
A este desafío logístico se suma el fenómeno del comercio transfronterizo inverso de carne. El valor de un kilogramo de carne boliviana en naciones vecinas supera los 150 bolivianos, lo que incentiva a los comerciantes a buscar mayores márgenes de ganancia en el exterior, en detrimento de la disponibilidad y el precio para las familias bolivianas.
En los mercados locales, el precio del kilogramo de carne ha superado los 70 bolivianos. Sin embargo, este incremento no se atribuye a un alza en los costos por parte de los abastecedores, sino más bien a la influencia de los intermediarios en la cadena de comercialización. Para contrarrestar esta especulación, se está planificando la construcción de un centro de remate de ganado. Este espacio permitiría a los productores vender directamente su ganado a los carniceros, eliminando así los eslabones intermedios que actualmente incrementan los precios finales del producto.
La implementación de este centro de remate beneficiaría a múltiples actores: a los ganaderos, al ofrecerles un canal de venta más directo; a los carniceros, al permitirles adquirir el producto a un costo más competitivo; al Municipio, a través de la optimización de las operaciones del matadero; y, fundamentalmente, a la población en general, que tendría acceso a carne a un precio más accesible

