El embajador de Israel concurrente en Bolivia, Gali Dagan, ofreció una amplia entrevista en la que abordó con claridad y firmeza los aspectos centrales de la actual ofensiva militar que Israel lleva adelante junto a Estados Unidos contra Irán. En sus declaraciones, Dagan enfatizó que esta acción no debe ser entendida como un ataque convencional, sino más bien como una “campaña preventiva” orientada a impedir que el régimen iraní logre avanzar en el desarrollo de armas nucleares y en la consolidación de su programa de misiles balísticos, considerados por Israel como una amenaza directa a su existencia.
El diplomático explicó que esta operación responde a lo que calificó como una “amenaza existencial” para Israel. Según detalló, los informes de la Agencia Internacional de Energía Atómica señalan que Irán cuenta con suficiente material fisible para fabricar hasta nueve bombas atómicas, aunque aún no habría completado la construcción del dispositivo nuclear. Este peligro se agrava con el avance paralelo en misiles balísticos capaces de alcanzar objetivos no solo en territorio israelí, sino también en Europa y Estados Unidos. Dagan remarcó que ante la decisión iraní de trasladar estos programas a instalaciones subterráneas, difíciles de atacar, Israel no tuvo otra alternativa que actuar para neutralizar esta amenaza antes de que se materialice.
Consultado sobre si el objetivo último de Israel es un cambio de régimen en Teherán, el embajador matizó sus respuestas señalando que las metas inmediatas son estrictamente militares. Estas incluyen desmantelar el programa nuclear iraní, frenar su desarrollo balístico y neutralizar a los grupos aliados o “proxies” financiados por Irán en la región. Entre estos mencionó especialmente a Hezbolá en Líbano y otras organizaciones vinculadas al régimen iraní que participaron en ataques recientes contra Israel, como la ofensiva del 7 de octubre de 2023 que causó más de 1.200 muertos israelíes. Sin embargo, Dagan dejó abierta la posibilidad de un cambio político interno futuro en Irán, señalando que ese desenlace dependerá del pueblo iraní y sería positivo para toda la comunidad internacional.
En el ámbito regional, el embajador fue consultado sobre informes internacionales que alertan acerca de la presencia y actividad de redes vinculadas a Hezbolá en América Latina. Investigadores especializados han documentado estructuras dedicadas al apoyo logístico, financiamiento y lavado de dinero operando en zonas estratégicas como la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay; Iquique en Chile; Isla Margarita en Venezuela; y Panamá. En Bolivia también se ha señalado una relación diplomática cercana con Irán durante los últimos años. Si bien Dagan no confirmó datos específicos sobre actividades concretas dentro del país andino, sí afirmó sin ambigüedades que Irán mantiene presencia activa en América Latina y recordó antecedentes trágicos donde embajadas iraníes fueron utilizadas como infraestructura para atentados terroristas emblemáticos ocurridos fuera del Medio Oriente, tales como los ataques contra la embajada israelí en Buenos Aires (1992) y contra la AMIA (1994), así como incidentes similares registrados en Panamá y Europa.
El representante diplomático advirtió sobre el peligro inherente a cualquier lugar donde Irán establezca influencia o presencia directa: exporta terrorismo y financiamiento del terrorismo internacionalmente, por lo cual es imprescindible mantener una vigilancia constante ante estas amenazas transnacionales. Respecto a si Israel ha compartido información confidencial con Bolivia sobre posibles riesgos o actividades relacionadas con estas redes terroristas, Dagan señaló que esos asuntos se manejan exclusivamente por canales diplomáticos reservados y evitó referirse a casos específicos.
La conversación también abarcó el acuerdo militar firmado entre Bolivia e Irán durante años recientes, cuyos términos completos no fueron ampliamente difundidos públicamente. El embajador reconoció que aquella noticia generó preocupación internacionalmente pero destacó que actualmente Bolivia estaría transitando una “nueva etapa” en su política exterior bajo un panorama diferente. Recordó además el restablecimiento formal de relaciones diplomáticas entre Israel y Bolivia tras casi dos décadas sin vínculos oficiales desde la llegada al poder del presidente Rodrigo Paz. En este sentido subrayó el carácter histórico y fraterno entre ambos pueblos: recordó cómo Bolivia abrió sus puertas a refugiados judíos durante la Segunda Guerra Mundial y cómo apoyó internacionalmente la creación del Estado de Israel.
Además mencionó proyectos concretos realizados entre ambos países para fortalecer esta relación renovada, incluyendo donaciones israelíes de sistemas avanzados para purificación del agua destinados a comunidades indígenas bolivianas, así como nuevas iniciativas bilaterales que se encuentran actualmente en desarrollo.
Ante la inquietud sobre si el conflicto armado podría generar represalias o acciones indirectas fuera del Medio Oriente —particularmente en América Latina— Dagan admitió que ese riesgo existe debido a la extensa red global con infraestructura terrorista vinculada a Irán. Recordó antecedentes históricos donde Teherán reaccionó mediante atentados fuera del teatro principal del conflicto armado, citando episodios ocurridos previamente en Argentina (como los mencionados ataques), Bulgaria y Chipre. Por ello subrayó que Israel mantiene un estado permanente de alerta frente a esa posibilidad.
Finalmente, el embajador expresó voluntad por un desenlace pacífico a largo plazo para esta crisis regional tan compleja. Reconoció al pueblo iraní como víctima directa del régimen radical vigente e indicó que un liderazgo más moderado podría abrir las puertas hacia una estabilidad duradera e incluso propiciar una ampliación de los llamados Acuerdos de Abraham —que han promovido recientemente ciertos procesos diplomáticos entre países árabes e Israel— hacia otros actores relevantes dentro del Medio Oriente.
Concluyó manifestando su esperanza genuina por lograr una región más estable donde los pueblos puedan convivir sin miedo ni violencia sistemática derivada del actual clima bélico e inestabilidad política regional e internacional

