Durante la misa del Gallo celebrada en la basílica de San Pedro, el papa León XVI reflexionó sobre los desafíos actuales que enfrenta la humanidad en el contexto de la Navidad, su primera celebración tras su elección en mayo pasado. Frente a miles de fieles, el pontífice enfatizó que una economía mal orientada puede llevar a tratar a las personas como simples mercancías, alejándose así de la verdadera dignidad humana.

En su homilía, el pontífice destacó que el nacimiento de Jesús representa la revelación de Dios en forma humana, una manifestación de amor que comenzó con la creación del mundo. Subrayó que, para que haya espacio para Dios en la tierra, debe haber primero un reconocimiento y acogida de cada persona, incluyendo a los más vulnerables como niños, pobres y extranjeros. Recalcó que la exclusión de uno implica la exclusión de todos, mientras que la inclusión abre la puerta a la presencia divina.

El papa también señaló que el nacimiento del niño Jesús no es simplemente una idea abstracta, sino una historia de amor que invita a la participación activa de cada individuo. En medio de las expectativas y sufrimientos de la humanidad, Dios envía a un niño indefenso como símbolo de esperanza y fuerza para superar la opresión y la violencia, iluminando a todos con su salvación.

Asimismo, León XVI destacó que, frente a una economía que puede distorsionar las relaciones humanas y convertir a las personas en objetos, Dios se hace semejante a los hombres para revelar la infinita dignidad de cada individuo. Mientras algunos buscan dominar a los demás, Dios se encarna para liberar a la humanidad de toda forma de esclavitud.

El pontífice concluyó recordando que la Navidad es una celebración de fe, caridad y esperanza. La fe se manifiesta en el nacimiento de Dios hecho hombre; la caridad, en el don fraterno que representa el Hijo redentor; y la esperanza, en la luz que el niño Jesús enciende en los corazones, inspirando a los creyentes a ser mensajeros de paz. Con estas virtudes, aseguró, es posible afrontar cualquier oscuridad y avanzar hacia un nuevo amanecer.

Antes de la ceremonia, el papa sorprendió a los fieles congregados en la plaza de San Pedro, quienes desafiaron la lluvia para seguir la misa a través de pantallas instaladas. En un breve saludo en inglés, agradeció su presencia y valor, reconociendo que aunque la basílica es imponente, no puede albergar a todos. Luego se dirigió a ellos en italiano, invitándolos a celebrar la Navidad y a recibir el amor y la paz que trae el niño Jesús.

Mañana, el papa León XVI repetirá la tradición de asomarse al balcón central de la basílica para pronunciar su mensaje navideño y otorgar la bendición “Urbi et Orbi”, dirigida a la ciudad de Roma y al mundo entero

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