Este fin de semana marca el cierre oficial de las celebraciones carnavalescas en varias regiones clave del país, cada una con sus propias tradiciones y eventos emblemáticos que reflejan la riqueza cultural y folclórica boliviana. En Cochabamba, La Paz y Santa Cruz, los habitantes se preparan para despedir estas festividades con ceremonias cargadas de simbolismo y alegría, que además mantienen viva la identidad local a través de danzas, música y rituales ancestrales.
En Cochabamba, el broche de oro del Carnaval se pone con el esperado Corso de Corsos, una tradición que congrega a miles de personas desde temprano en la mañana. La jornada comenzó a las 8:00 horas entre las avenidas Belzu y Heroínas, puntos neurálgicos de la ciudad que se transforman en un escenario vibrante para los carnavaleros. El recorrido se desplaza por calles emblemáticas como San Martín y El Prado, ambas cerradas al tránsito vehicular para dar paso a comparsas y grupos folclóricos que llenan el ambiente de colorido y música. La ruta culmina en la Plaza de las Banderas, para luego continuar por la calle Ramón Rivero hasta llegar a Luis Quintín Vila, consolidando un circuito que permite a los asistentes disfrutar plenamente del espectáculo.
El director de Cultura del Gobierno Autónomo Municipal de Cochabamba detalló que la entrada está organizada en tres bloques bien definidos. El primero está integrado por 24 comparsas urbanas y tradicionales, que representan distintas expresiones culturales del departamento. Seguidamente, el segundo bloque reúne a las guarniciones militares provenientes del ejército, la fuerza aérea y la armada, quienes aportan un componente solemne y patriótico al evento. Finalmente, el tercer bloque es conformado por 74 fraternidades que despliegan su destreza interpretando danzas propias del folclore boliviano, mostrando así la diversidad cultural que caracteriza a esta región. Esta estructura no solo facilita el desarrollo ordenado del corso sino que también resalta la pluralidad artística que enriquece la festividad.
Mientras tanto, en La Paz se prepara uno de los actos más significativos dentro del calendario carnavalesco: el Entierro del Pepino. Esta ceremonia se llevará a cabo este domingo en las inmediaciones del Cementerio General y simboliza el cierre definitivo de semanas cargadas de música, baile y celebraciones populares alrededor del Carnaval Paceño 2026. El personaje central, conocido como Pepino, ha ganado estatus emblemático dentro de esta tradición; su “entierro” representa metafóricamente el fin del tiempo festivo y el retorno paulatino a la rutina cotidiana.
La actividad congregará comparsas, ch’utas —que son grupos tradicionales caracterizados por su vestimenta típica— y cholitas paceñas en un evento denominado Domingo de Tentaciones. Este día está impregnado de un simbolismo profundo pues refleja esa transición emocional entre la euforia carnavalesca y la normalidad urbana posterior. Organizado por la Asociación de Comparsas del Carnaval Paceño (ACCP), este acto cuenta con el respaldo tanto institucional como privado: Paceña, perteneciente a la Cervecería Boliviana Nacional (CBN), es auspiciador oficial dentro del marco de su campaña “Efecto Carnaval”, mientras que el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz también brinda apoyo logístico para garantizar el éxito del evento.
Por otro lado, en Santa Cruz diversos municipios se preparan para despedir oficialmente esta temporada festiva con sus propias versiones locales del carnavalito o entierro del muñeco. Estas celebraciones tienen características particulares pero comparten elementos comunes como los desfiles musicales acompañados por bandas locales y rituales simbólicos donde se “entierra” un muñeco representativo del carnaval. Por ejemplo, en Porongo se realiza un recorrido acompañado por bandas musicales hasta llegar al momento culminante donde se entierra al muñeco carnavalesco como señal definitiva del cierre festivo. Situaciones similares ocurren en Paurito y otras localidades orientales donde estas tradiciones refuerzan el sentido comunitario y preservan las costumbres ancestrales ligadas al ciclo anual festivo.
En conjunto, estas actividades reflejan no solo un momento lúdico sino también una expresión cultural profunda que vincula a diferentes generaciones con sus raíces históricas y sociales. A través de comparsas, danzas folclóricas, rituales simbólicos como el entierro del Pepino o del muñeco carnavalesco, las comunidades bolivianas reafirman su identidad colectiva mientras disfrutan plenamente del espíritu festivo propio del Carnaval. Además, estos eventos movilizan importantes recursos institucionales y privados destinados a promover la cultura local e incentivar actividades turísticas vinculadas al folclore nacional.
Así pues, este fin de semana representa una oportunidad única para vivir intensamente una tradición popular rica en colores, sonidos y emociones que culmina con respeto hacia las costumbres arraigadas en cada región. Cochabamba con su Corso de Corsos; La Paz con su Entierro del Pepino; Santa Cruz con sus carnavalitos municipales; todos convergen hacia un mismo propósito: honrar una herencia cultural invaluable mientras despiden temporalmente uno de los períodos más esperados por bolivianos y visitantes por igual

