En el umbral de las próximas elecciones nacionales en Bolivia, la sociedad civil en la región del Chaco anticipa el fin de un ciclo político de dos décadas, un periodo que ha generado significativos cuestionamientos en torno a la gestión económica del país.

Desde la dirigencia cívica de Yacuiba, se ha puntualizado que, a lo largo de los últimos veinte años, la Región del Chaco, en el departamento de Tarija, ha sido el principal motor económico del país, gracias a la explotación de sus vastos recursos hidrocarburíferos y naturales. Sin embargo, a pesar de esta crucial contribución, la zona persiste en un estado de rezago en cuanto a desarrollo e infraestructura vial. La aspiración de contar con una carretera asfaltada que conecte el Gran Chaco con la capital departamental, Tarija, parece cada vez más distante. Se ha señalado que la ansiada doble vía en Yacuiba, proyectada para 90 kilómetros, apenas ha avanzado poco más de cuatro kilómetros, y la construcción del túnel de Aguarague, vital para la conexión con Caraparí, permanece inconclusa. Asimismo, proyectos camineros en ejecución como los tramos Choere – Acheral en Villa Montes, Isiri – La Central, y La Vertiente – Palo Marcado, que debían ser culminados por las administraciones salientes, aún no se han concretado.

Otro motivo de inquietud reside en la escasa presencia estatal en las zonas fronterizas. La falta de control en el límite con Argentina ha propiciado un incremento en el contrabando, la inseguridad ciudadana y la proliferación de actividades ilícitas. Al tratarse de una ciudad fronteriza, la población local se ve expuesta diariamente a una serie de problemas, incluyendo actos de criminalidad, lo que genera un profundo descontento ante la percibida ausencia de las autoridades.

En el ámbito productivo, la agricultura chaqueña, caracterizada por cultivos de granos como maíz, soya y maní, se ve recurrentemente afectada por sequías cada vez más severas, un problema estructural que no ha encontrado solución a lo largo de las últimas administraciones gubernamentales. A pesar de su potencial, se demanda un fortalecimiento de la matriz productiva y la apertura de nuevos mercados para la comercialización de sus productos.

La percepción general es que, a pesar de haber sido un pilar económico fundamental entre 2005 y 2014, el Chaco se encuentra hoy desatendido, carente de proyectos de impacto que beneficien a su población. Algunos líderes cívicos consideran que el país mantiene una deuda histórica con esta región. Por su parte, un líder cívico del departamento de Tarija ha expresado que otras regiones del país han recibido un trato más favorable, a pesar de que la contribución económica de Tarija fue esencial para la estabilidad de Bolivia durante dos décadas. La esperanza se centra en que las próximas elecciones nacionales permitan la conformación de un gobierno que impulse un verdadero cambio, generando expectativas de superación de la compleja situación económica, política y social que atraviesa la nación.

Durante las últimas dos décadas, Tarija se consolidó como el principal productor de hidrocarburos de Bolivia, aportando cerca del 70% de la producción nacional, proveniente de campos clave como Sábalo, San Alberto y Margarita, este último compartido con el departamento de Chuquisaca. Sin embargo, la declinación de estos yacimientos y la escasa inversión en nuevas exploraciones han provocado una drástica reducción en los ingresos por regalías hidrocarburíferas, lo que impone la urgencia de diversificar las fuentes de ingresos económicos para la región y el país

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