La majestuosa Entrada del Carnaval de Oruro dio inicio este sábado con la tradicional procesión en honor a la Virgen del Socavón, marcando el inicio oficial de una de las expresiones culturales y religiosas más emblemáticas de Bolivia. Este evento, que fusiona devoción, historia y folclore, congregó desde muy temprano a miles de personas que se preparaban para vivir una celebración que trasciende lo meramente festivo para convertirse en un acto de fe y identidad nacional.
La peregrinación comenzó pasadas las siete de la mañana, encabezada por importantes autoridades eclesiásticas como el obispo de la Diócesis, Cristóbal Bialasik, y el nuncio apostólico en Bolivia, Fermín Sosa. Su presencia junto a funcionarios locales y representantes de la Asociación de Conjuntos Folklóricos (ACFO) subraya el carácter religioso y comunitario del evento. La procesión recorrió un circuito oficial que abarcó calles históricas y céntricas como Bolívar, Pagador, Aroma, 6 de Agosto, Adolfo Mier y Presidente Montes hasta llegar a la avenida Cívica “Sanjinés Vincentti”, culminando finalmente en el Santuario del Socavón. Este trayecto se extiende por casi cuatro kilómetros repletos de música tradicional, coloridos trajes y una profunda devoción hacia la Virgen del Socavón, considerada patrona protectora especialmente por los mineros.
Durante las primeras horas del recorrido, aunque las graderías aún permanecían mayormente vacías, se percibía un ambiente cargado de expectativa y movimiento constante en las calles adyacentes. Visitantes provenientes tanto del interior del país como del extranjero se congregaban para ser testigos y partícipes de esta gran fiesta cultural. Al mismo tiempo, los bailarines y miembros de las fraternidades folclóricas ultimaban detalles antes de iniciar su participación oficial.
La primera agrupación en desfilar fue la Gran Tradicional Auténtica Diablada Oruro, fundada en 1904, que abrió paso reafirmando su condición histórica como una de las fraternidades más antiguas y representativas del carnaval. Su participación simboliza la continuidad viva de tradiciones ancestrales que han trascendido generaciones. Tras ella desfilaron los Incas Hijos del Sol —con 119 años desde su fundación— y la Morenada Zona Norte —con 112 años— quienes representan el inicio formal de la promesa ritual ante la Virgen del Socavón. Estas fraternidades no solo muestran sus destrezas artísticas sino también expresan un compromiso espiritual que conecta a los participantes con sus raíces culturales y religiosas.
El Carnaval de Oruro es mucho más que una celebración popular; es un patrimonio cultural declarado en 2001 como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO. Su historia supera los dos siglos y es resultado directo del sincretismo entre rituales ancestrales andinos y la fe católica impuesta durante la colonización. Esta amalgama ha dado lugar a una manifestación única donde lo religioso se entrelaza con lo cultural para conformar un espectáculo vibrante lleno de simbolismos.
Cada año, Oruro se transforma en el epicentro cultural y espiritual boliviano durante esta festividad que atrae a miles de visitantes nacionales e internacionales. El Carnaval figura entre los diez más importantes a nivel mundial debido a su singularidad: es el único donde la Entrada se vive como una verdadera peregrinación religiosa que puede extenderse por más de 20 horas continuas hasta llegar al Santuario del Socavón. Esta característica distingue al Carnaval orureño no solo como un evento folclórico sino también como una manifestación profunda de fe colectiva.
La edición correspondiente al año 2026 tuvo lugar durante el fin de semana comprendido entre sábado 14 y domingo 15 de febrero. Previamente, una semana antes se realizaron eventos preparatorios como el Festival de Bandas y el último convite, actividades que funcionan como antesala para calentar motores antes de la celebración principal. Entre danzas tradicionales, expresiones artísticas y debates sobre temas vinculados al acceso ciudadano al evento, el Carnaval reafirma su estatus como patrimonio vivo que representa fielmente la identidad cultural boliviana.
No obstante, disfrutar plenamente esta experiencia no está exento de costos significativos para quienes desean ocupar un lugar privilegiado en las graderías dispuestas a lo largo del recorrido oficial. En avenidas principales como la 6 de Agosto los precios superan los ochocientos bolivianos; en plazas centrales alcanzan hasta mil quinientos; mientras que en nuevas graderías instaladas sobre la avenida Cívica pueden llegar a costar hasta dos mil ochocientos bolivianos según denuncias realizadas por varios usuarios. Estas tarifas exceden los precios oficiales fijados por la Alcaldía local aunque existen plataformas digitales donde se comercializan asientos desde quinientos hasta más mil quinientos bolivianos dependiendo también su ubicación exacta.
Este aspecto económico añade una dimensión compleja al acceso ciudadano al Carnaval pues plantea cuestionamientos sobre inclusividad social frente a una tradición cultural considerada patrimonio colectivo. A pesar de ello, miles continúan participando activamente tanto dentro como fuera del circuito oficial para mantener viva esta expresión única que combina historia ancestral con fervor religioso e identidad nacional.
En definitiva, la Entrada del Carnaval de Oruro representa mucho más que un desfile: es una manifestación multicapas donde convergen fe religiosa profunda, orgullo cultural e historia viva transmitida generación tras generación. Su desarrollo anual confirma cómo esta festividad sigue siendo un pilar fundamental para consolidar valores comunitarios además de proyectar internacionalmente el legado intangible boliviano hacia nuevas audiencias globales ávidas por conocer tradiciones auténticas llenas de significado

