En el contexto de una creciente preocupación por la inseguridad y la crisis política que ha marcado a Perú en la última década, tres de los principales candidatos a la presidencia han cerrado sus campañas con discursos contundentes y promesas radicales. En un país donde la delincuencia se ha convertido en una de las principales inquietudes de los ciudadanos, estos aspirantes han decidido centrar sus mensajes en la erradicación de la criminalidad, a menudo vinculándola con el fenómeno de la inmigración irregular.
La jornada del cierre de campañas estuvo marcada por un ambiente festivo y lleno de energía, donde música, consignas y banderas fueron protagonistas. Los candidatos buscaron captar la atención de un electorado que se siente desilusionado y cansado por las crisis políticas que han llevado a la nación a cambiar de presidente en ocho ocasiones en solo diez años. Renzo Huamaní, un vendedor ambulante de comida en el sur de Lima, resumió el sentir popular al afirmar que la principal preocupación radica tanto en la delincuencia como en la pobreza que afecta a muchas familias.
En un escenario electoral inédito con 35 postulantes, ninguno ha logrado acercarse a obtener la mitad de los votos necesarios para evitar una segunda vuelta programada para junio. Entre los favoritos según las encuestas se encuentra Keiko Fujimori, quien cerró su campaña en un distrito popular al sur de Lima. La hija del controvertido expresidente Alberto Fujimori se presentó ante sus seguidores con una mezcla de nostalgia y determinación.
“Queremos darle la oportunidad a una mujer para que lleve el liderazgo en este caos que estamos viviendo”, expresó Silvia Arenas, una artesana que apoya a Fujimori. Durante su discurso, la candidata hizo hincapié en su vínculo con su padre, condenado por violaciones a los derechos humanos y corrupción, afirmando: “Soy absolutamente consciente que a donde vamos está el recuerdo, la memoria y la gratitud del mejor presidente del Perú”. Con promesas claras sobre el control migratorio y medidas drásticas contra los delincuentes encarcelados, Fujimori buscó conectar emocionalmente con sus seguidores.
Por su parte, Rafael López Aliaga, conocido como Porky, reunió a sus simpatizantes cerca del centro de Lima. Este candidato ultraconservador no dudó en hacer declaraciones contundentes sobre su intención de expulsar a migrantes irregulares e implementar políticas severas contra delincuentes peligrosos. “Vamos a ir de cacería”, afirmó López Aliaga, quien se propone tomar medidas drásticas desde el primer día de su mandato.
El humorista Carlos Álvarez también se presentó como un candidato inesperado. Con un enfoque centrado en mejorar la educación y reforzar la seguridad pública, Álvarez ha capturado la atención del electorado cansado del estancamiento político. Su estilo fresco y paródico le ha permitido conectar con aquellos que buscan un cambio radical y tangible.
La campaña también ha visto al empresario Ricardo Belmont y al izquierdista Roberto Sánchez competir por posiciones significativas. Mientras Belmont llamaba a eliminar “a los políticos miserables” en las urnas durante su cierre, Sánchez culminó su campaña prometiendo indultar al expresidente Pedro Castillo.
El panorama electoral este año es fragmentado y ningún candidato parece tener una ventaja clara sobre los demás. Según Nicolás Saldías, especialista del Economist Intelligence Unit, una parte considerable del electorado sigue indeciso ante las opciones disponibles. Así se perfila un escenario incierto para las elecciones presidenciales que se avecinan en Perú, donde los ciudadanos esperan respuestas efectivas a los problemas apremiantes que enfrentan día tras día.

