La noche del sábado se convirtió en un evento memorable y lleno de emoción para la comunidad local, cuando Camila I fue coronada oficialmente como la Reina del Carnaval Cruceño. Este acto no solo marcó un momento festivo dentro de las celebraciones tradicionales, sino que también simbolizó un reconocimiento profundo hacia la identidad y el espíritu de Santa Cruz.
La coronación de Camila I tuvo lugar en un ambiente cargado de entusiasmo, donde la participación popular y el fervor cultural se hicieron evidentes. Este evento representa mucho más que la elección de una figura simbólica; es una manifestación de la unidad y el orgullo que caracteriza a los habitantes de esta región. La proclamación de Camila I como reina se percibió como un homenaje colectivo a las tradiciones, valores y costumbres que distinguen al carnaval local.
Una vez coronada, Camila I dirigió palabras cargadas de significado hacia Santa Cruz, destacando la importancia de esta distinción como un logro compartido por toda la comunidad. Al referirse a la corona como un símbolo que representa a todos los habitantes, enfatizó el sentido de pertenencia y cohesión social que este título implica. Su mensaje subrayó aspectos fundamentales del carácter cruceño: la resistencia frente a las adversidades, la hospitalidad con los visitantes y la alegría contagiosa que define cada celebración.
La elección de una reina para el carnaval no solo tiene un valor estético o ceremonial, sino que también cumple una función cultural esencial. La figura de Camila I encarna las tradiciones vivas que se transmiten generación tras generación, preservando así la riqueza cultural y el legado histórico del carnaval. Además, su coronación pone en relieve el papel activo que desempeña la juventud en mantener vigente esta festividad emblemática.
Este acontecimiento tiene implicaciones directas para la población cruceña, ya que refuerza los vínculos comunitarios y promueve un sentido renovado de identidad regional. La celebración alrededor del carnaval, con su reina como símbolo central, genera espacios de encuentro social y cultural donde se fortalece el tejido social. Asimismo, fomenta el reconocimiento del valor patrimonial intangible del carnaval como motor de cohesión y expresión colectiva.
En suma, la coronación de Camila I como Reina del Carnaval Cruceño fue mucho más que una ceremonia: fue una muestra palpable del compromiso y amor por las tradiciones locales. A través de sus palabras y su presencia, se destacó cómo este título representa a todo un pueblo unido por sus valores fundamentales. La noche mágica vivida dejó claro que el carnaval continúa siendo una festividad vital para Santa Cruz, capaz de unir a sus habitantes en torno a sus raíces culturales más profundas

