El 15 de enero se llevó a cabo en Santiago un encuentro histórico entre los ministros de Relaciones Exteriores de Bolivia y Chile, marcando un punto de inflexión en la relación bilateral tras casi cinco décadas sin reuniones oficiales de este nivel. Este evento dio paso a una nueva etapa orientada a fortalecer la cooperación económica, la integración regional y a generar beneficios concretos para la población de ambos países.
Durante la reunión, se firmaron cuatro acuerdos bilaterales y se definió una agenda conjunta compuesta por nueve puntos clave. Estos incluyen el impulso al comercio, la integración en el sector energético, la cooperación en materia de seguridad, la gestión migratoria y el trabajo coordinado en las áreas fronterizas. Una de las medidas más destacadas fue la homologación de licencias de conducir para ciudadanos bolivianos aprobada por el Senado chileno, lo que facilitará la movilidad y aumentará las oportunidades laborales para miles de personas.
En el ámbito económico, la cita propició el relanzamiento y la modernización del Acuerdo de Complementación Económica 22 (ACE 22), vigente desde 1993. Este acuerdo, que inicialmente permitió la eliminación de aranceles para aproximadamente 7.000 productos bolivianos, requiere adaptarse a los nuevos retos del comercio internacional, la logística regional y la economía digital. La actualización busca incorporar innovación tecnológica, facilitar el comercio y establecer mecanismos que respondan a un contexto regional más complejo, afectado además por la expansión del crimen organizado y el narcotráfico.
En este sentido, se intensificó la colaboración entre las fuerzas policiales de ambos países tras el decomiso de un cargamento de 700 kilos de cocaína en el puerto de Arica, droga que estaba oculta en madera exportada desde Bolivia con destino a Europa. Esta coordinación refleja la importancia de abordar conjuntamente los desafíos en seguridad vinculados al comercio.
La agenda bilateral también contempla una mirada estratégica hacia sectores como la minería, la energía, la agroindustria y la infraestructura logística, áreas que no estaban contempladas en el capítulo de cooperación del ACE 22. Además, se busca potenciar el bilateralismo como herramienta para facilitar el acceso de productos bolivianos a través de los puertos chilenos y ampliar la presencia en los mercados del Asia-Pacífico, aprovechando la participación de Chile en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y los acuerdos de libre comercio asociados.
En cuanto al tema marítimo, se mantiene presente en la agenda, aunque no se considera un obstáculo que impida avanzar en los demás puntos de cooperación y desarrollo conjunto.
El acercamiento fue bien recibido por el sector empresarial chileno, especialmente tras la reunión del canciller boliviano con la Sociedad de Fomento Fabril (SOFOFA), donde se presentaron los lineamientos de una futura ley de inversiones en Bolivia. Desde este sector se resaltó la necesidad de garantizar seguridad jurídica, estabilidad normativa y confianza institucional para atraer inversiones y dinamizar el intercambio económico.
Esta visita dejó una señal clara sobre la intención de ambos países de reconfigurar su relación desde una perspectiva orientada al futuro, superando las diferencias históricas y los cambios políticos, y apostando por una cooperación pragmática y beneficiosa para sus ciudadanos

