La Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) está preparada para reanudar sus operaciones en Bolivia, marcando el fin de un período de 16 años de ausencia. Esta decisión forma parte de una estrategia gubernamental más amplia para fortalecer la cooperación internacional en la lucha contra delitos de alcance transnacional, incluyendo el narcotráfico, el terrorismo y la trata de personas.

El ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, ha señalado la importancia de esta colaboración, destacando la necesidad de trabajar con diversas agencias y naciones para abordar crímenes de alta complejidad. Paralelamente, Ernesto Justiniano ha sido designado nuevamente como viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas, un cargo que ya ocupó entre 2002 y 2003.

La agencia estadounidense había cesado sus actividades en el país en 2009, un año después de que el entonces presidente Evo Morales ordenara su salida en 2008, bajo acusaciones de conspiración y sedición, lo que derivó en una ruptura de las relaciones diplomáticas con Washington.

Justiniano ha confirmado que se establecerán contactos formales con la DEA con el propósito de coordinar esfuerzos en la contención del tráfico de estupefacientes. Además, anticipó un próximo viaje a una nación vecina para avanzar en la articulación de estrategias antidrogas para Bolivia.

En un evento previo, el ministro Oviedo fue reconocido por la Policía Boliviana, momento en el que delineó su visión para una administración que priorizará la institucionalidad y la meritocracia, distanciándose de usos políticos o ideológicos que, según sus palabras, han afectado a la fuerza policial en el pasado.

El país, según explicó el ministro, se encuentra en una fase de reconstrucción institucional, tras lo que describió como dos décadas de populismo autoritario y un incremento significativo del crimen organizado.

Oviedo también hizo pública la situación de su despacho al asumir el cargo, donde encontró una carencia de documentación y equipos básicos, lo que evidenció una falta de transición administrativa adecuada.

Justiniano, por su parte, ha enfatizado que la estrategia contra las drogas será pragmática, transparente y libre de sesgos ideológicos. Ha distinguido claramente entre el narcotráfico, al que considera el verdadero adversario, y los productores legales de hoja de coca, a quienes ve como aliados fundamentales en este proceso.

El nuevo esquema de acción contempla la implementación de cooperación técnica, el intercambio de inteligencia y programas de capacitación conjunta con organismos extranjeros. Asimismo, se realizará un diagnóstico actualizado sobre la capacidad de producción de drogas en la nación, con el fin de basar las políticas antidrogas en datos estadísticos fiables y no en percepciones.

El regreso de la DEA se inscribe en un escenario de escalada de violencia y de intensificación de las operaciones del crimen organizado en varias regiones bolivianas, manifestado en un aumento de casos de sicariato y tráfico de estupefacientes. Desde la nueva administración se ha comunicado que el objetivo primordial es restaurar la confianza internacional y recuperar las capacidades técnicas que se vieron mermadas tras la partida de la agencia.

Oviedo ha reiterado la importancia de la colaboración, afirmando que la lucha contra el narcotráfico es una tarea global que demanda alianzas serias y no debe ser objeto de aislamiento o estigmatización.

Días atrás, un alto funcionario del Departamento de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, expresó la disposición de su país para colaborar en estos esfuerzos

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