La Selección de Bolivia dio un paso crucial hacia su sueño de regresar a la Copa Mundial 2026 al lograr una victoria por 2-1 sobre Surinam en el estadio “Gigante de Acero” de Monterrey. Este encuentro, cargado de intensidad y emoción, se convirtió en un verdadero test para el equipo nacional, que tuvo que lidiar con la presión y las sorpresas de un rival que, a pesar de sus limitaciones, complicó el desarrollo del juego más de lo que se anticipaba.
El partido comenzó con un ritmo frenético, donde Surinam, consciente de su posición como underdog, buscó sorprender desde el primer minuto. Ese intento dio sus frutos rápidamente en la segunda mitad. A tan solo dos minutos del inicio del segundo tiempo, Liam Van Gelderenj aprovechó un rebote dentro del área para abrir el marcador, lo que evidenció las debilidades defensivas que ya habían sido visibles durante la primera parte. En ese primer tiempo, la defensa boliviana había mostrado vulnerabilidades al permitir dos ocasiones claras: un disparo fallido de Joel Piroe y una atajada crucial de Guillermo Viscarra ante Myenty Abena.
El gol en contra encendió las alarmas en el equipo boliviano y entre sus seguidores. Sin embargo, la respuesta no se hizo esperar. Moisés Paniagua, un jugador joven que había tenido escasas oportunidades hasta ese momento, emergió como el héroe inesperado al igualar el marcador a los 71 minutos con una definición precisa en medio de los defensores rivales. Este tanto no solo revitalizó al equipo, sino que también reavivó el ánimo entre los aficionados bolivianos presentes en las gradas.
La remontada se consolidó apenas siete minutos después cuando Juan Godoy fue derribado dentro del área, lo que llevó al árbitro a señalar un penalti. Miguel Terceros tomó la responsabilidad desde los once metros y ejecutó con calma para convertir el 2-1. La alegría desbordó entre los bolivianos; sin embargo, la calma duraría poco.
En los minutos finales del encuentro, Surinam intensificó su presión y generó dos llegadas peligrosas que pusieron a prueba tanto a Viscarra como a la defensa boliviana. El arquero demostró su valía al responder con seguridad a los ataques rivales y evitar así un posible empate que habría desdibujado todo el esfuerzo realizado por su equipo. El pitazo final llegó como un alivio para Bolivia, aunque la celebración fue contenida; si bien se había logrado una victoria importante, aún quedaba camino por recorrer.
Este triunfo reflejó tanto las fortalezas como las debilidades del equipo nacional. La capacidad de respuesta y la calidad individual de jugadores como Terceros fueron decisivas en momentos críticos; sin embargo, las falencias defensivas persisten como una preocupación seria si se aspira a competir en un Mundial.
Con el próximo desafío ya planteado —un partido contra Irak programado para el 31 de marzo en Monterrey— Bolivia se encuentra ante una nueva oportunidad decisiva. El ganador avanzará al grupo junto a selecciones como Francia, Noruega y Senegal en la próxima Copa Mundial. La expectativa es palpable; tras casi tres décadas sin participar en este certamen prestigioso desde 1994, la posibilidad de regresar genera una mezcla de esperanza e ilusión entre todos los bolivianos. A pesar del camino arduo que aún queda por recorrer, la victoria sobre Surinam mantiene viva esa ansiada llama y posiciona a la Verde muy cerca de hacer historia nuevamente.

