Dos de las organizaciones campesinas más influyentes y tradicionales en el país, que durante años fueron pilares fundamentales en el respaldo social al Movimiento al Socialismo (MAS), están protagonizando un cambio significativo en el escenario político nacional. Estas agrupaciones han decidido establecer una agenda de coordinación directa con el actual Gobierno del presidente Rodrigo Paz, lo que representa una nueva etapa en las relaciones entre los movimientos sociales y la administración estatal.
Este avance se concretó en una reunión celebrada en la Casa Grande del Pueblo, espacio emblemático para la conducción política del país. En este encuentro participaron representantes de la Federación Tupac Katari y la Federación Departamental de Mujeres Campesinas “Bartolina Sisa”, dos organizaciones con un peso histórico considerable en la movilización social y política rural. La cita tuvo como objetivo principal analizar de manera detallada las necesidades específicas de las 20 provincias que representan, así como coordinar acciones conjuntas que respondan a las demandas sectoriales vigentes.
El presidente Rodrigo Paz compartió detalles del encuentro a través de sus redes sociales, señalando que fue una reunión de trabajo centrada en dialogar sobre aspectos clave como empleo, atención en salud, fortalecimiento educativo, inversión productiva y seguridad institucional. Estos temas reflejan preocupaciones fundamentales para el desarrollo integral de las comunidades campesinas y rurales, sectores que tradicionalmente han enfrentado múltiples desafíos estructurales. La presencia de cinco ministros —de Economía, Gobierno, Trabajo, Salud y Educación— subraya la intención del Ejecutivo de abordar estas problemáticas con un enfoque multisectorial e integral.
Durante la reunión, los dirigentes sociales expusieron sus demandas específicas, mientras que los representantes gubernamentales presentaron informes sobre las acciones ya implementadas o en curso para atender dichas necesidades. El ambiente estuvo marcado por un diálogo constructivo que buscó superar tensiones previas y establecer canales efectivos para la cooperación mutua.
Este acercamiento ocurre luego de un período de tensión entre los movimientos sociales y el Gobierno. Recientemente se vivió un episodio conflictivo a raíz del Decreto Supremo 5503, norma que generó rechazo entre varias organizaciones sociales y fue finalmente abrogada tras la presión ejercida por la Central Obrera Boliviana (COB) con el respaldo activo de estas agrupaciones. Este conflicto evidenció grietas en la relación entre el Ejecutivo y sus tradicionales aliados sociales.
Además, antes incluso de asumir formalmente el mandato presidencial, el presidente Paz enfrentó advertencias claras por parte de dirigentes campesinas vinculadas al MAS. Por ejemplo, representantes de las Bartolinas advirtieron sobre posibles movilizaciones si no se incluía a las organizaciones sociales en su administración. Estas expresiones reflejaron una demanda histórica para ser parte activa en la toma de decisiones gubernamentales y mantener su protagonismo político.
La tensión también fue visible cuando dirigentes campesinos recordaron que su sector fue clave para alcanzar una amplia votación en La Paz durante los comicios presidenciales. Sin embargo, percibieron que su participación no estaba siendo correspondida con espacios reales dentro del nuevo Gobierno. Esta situación evidenció un distanciamiento inicial que dificultaba la consolidación del diálogo.
No obstante, desde enero pasado se comenzaron a abrir espacios para retomar la comunicación efectiva entre los movimientos sociales y el Ejecutivo. En una reunión realizada en El Alto con representantes del sector campesino Tupac Katari se acordó dejar sin efecto el polémico decreto y se invitó a presentar proyectos productivos concretos. Este cambio marcó un punto de inflexión importante para construir confianza mutua y avanzar hacia acuerdos concretos.
El ministro de Gobierno enfatizó entonces la importancia no solo de resolver cuestiones normativas sino también de impulsar iniciativas productivas como base para fortalecer las comunidades rurales desde lo económico y social. Este enfoque refleja una comprensión más amplia del papel fundamental que juegan estas organizaciones en el desarrollo territorial.
Cabe destacar que tanto las Bartolinas como la Federación Tupac Katari han sido actores clave dentro del denominado Pacto de Unidad, un bloque social estratégico que durante décadas sostuvo políticamente al MAS. Su capacidad organizativa y territorial les otorgó un rol central no solo en procesos electorales sino también en momentos críticos de conflictividad social.
No obstante, estos sectores también han experimentado tensiones internas derivadas de crisis políticas vinculadas al partido oficialista. En los últimos años surgieron dirigencias paralelas dentro del movimiento campesino e indígena debido a diferencias internas y divergencias sobre su relación con el MAS. Esta fragmentación añade complejidad a su participación política pero no disminuye su relevancia social ni su influencia electoral.
En este contexto actual, la instalación de una agenda conjunta con el Gobierno representa un intento renovado por superar diferencias pasadas y avanzar hacia una colaboración más efectiva que atienda las múltiples demandas históricas del sector campesino e indígena rural. Para gran parte de la población involucrada, este diálogo puede traducirse en mejores condiciones laborales, acceso a servicios básicos como salud y educación, así como oportunidades reales para proyectos productivos sostenibles.
Este desarrollo adquiere especial importancia considerando que estas organizaciones tienen arraigo profundo en zonas rurales donde viven amplios sectores vulnerables que dependen directamente del apoyo institucional para mejorar sus condiciones materiales y sociales. La coordinación directa con autoridades nacionales abre expectativas positivas para consolidar políticas públicas más inclusivas e integrales orientadas al bienestar rural.
En suma, esta nueva etapa marca un giro significativo tras años complejos donde la relación entre movimientos sociales históricos aliados al MAS y el Gobierno experimentó altibajos importantes. La voluntad manifiesta por ambas partes para dialogar abiertamente sobre problemáticas concretas evidencia madurez política y puede sentar bases sólidas para fortalecer el tejido social rural mediante respuestas efectivas a sus demandas prioritarias

