La Cancillería del Estado ha dado la bienvenida a su nuevo titular, Fernando Aramayo Carrasco, quien asumió oficialmente sus funciones en la sede histórica de la institución. En sus primeras declaraciones, el canciller delineó la hoja de ruta para su gestión y compartió la visión que lo impulsa en este nuevo rol.

El nombramiento, recibido con un profundo sentido de responsabilidad, es interpretado por el canciller Aramayo Carrasco como un llamado ineludible al servicio de la nación, trascendiendo cualquier aspiración personal. Esta convicción se cimienta en el mensaje presidencial de Dios, familia, patria, que ha infundido una mística de dedicación y la puesta a disposición de sus capacidades para el progreso del país.

El Ministerio de Relaciones Exteriores se encuentra en un momento de importantes desafíos, marcado por severas restricciones presupuestarias y una contracción del espacio fiscal. Si bien se reconocen avances previos, también existen limitaciones significativas. La nueva dirección se propone revitalizar la meritocracia, modernizar la carrera diplomática y asegurar que los perfiles profesionales estén alineados con las exigencias del siglo XXI.

Las prioridades iniciales de la gestión se centrarán en desburocratizar los procesos para optimizar la administración de recursos, reconfigurar la estructura organizacional y establecer parámetros claros para que la Cancillería genere impactos tangibles en la estabilidad económica, la gobernabilidad y la confianza institucional, todo ello con metas bien definidas.

Una preocupación recurrente es la atención a los ciudadanos bolivianos en el exterior. Para abordar esta situación, se realizará un diagnóstico exhaustivo que incluirá la identificación del personal en funciones, la capacidad instalada y el estado del registro de connacionales. Esta base de información permitirá diseñar soluciones de corto y mediano plazo, siempre en función de los recursos disponibles.

Respecto a la rehabilitación de la carrera diplomática, que ha experimentado un deterioro en las últimas décadas, el canciller ha iniciado diálogos con miembros de la Academia, solicitando paciencia para revertir un proceso que ha tomado entre 15 y 20 años. Se prevé una actualización de contenidos y perfiles para capitalizar nuevas oportunidades. La representación diplomática deberá tener un enfoque tanto político como comercial, con indicadores de desempeño que aseguren que cada designación sea una inversión destinada a abrir mercados, atraer inversiones y concretar acuerdos.

La política exterior del gobierno del presidente Rodrigo Paz se caracterizará por un pragmatismo anclado en principios. El objetivo es traer el mundo a Bolivia y llevar Bolivia al mundo, lo que implica adoptar las mejores prácticas de cada socio, siempre en consonancia con los valores de la democracia, el Estado de derecho y la transparencia. La coherencia con estos valores, y no la ideología, será el pilar de la acción diplomática.

En el ámbito de las relaciones internacionales, se han restablecido contactos de alto nivel con naciones clave. Con Estados Unidos, se ha concretado una donación de medicamentos esenciales para pacientes con VIH, y se han establecido grupos de trabajo con una agenda inmediata que abarca cielos abiertos, visados, cooperación en minería, tecnología y seguridad. Asimismo, la visita del ministro alemán y del canciller japonés, tras más de una década sin encuentros de este calibre, ha sido interpretada como una señal de la voluntad boliviana de abordar las relaciones de manera renovada.

En cuanto a la cooperación en seguridad, el presidente ha planteado un marco más amplio para fortalecer todas las dimensiones de la seguridad estatal. Dado que el crimen organizado y el narcotráfico son problemáticas globales, se considera imperativa la colaboración con Estados Unidos, Brasil, Chile, Perú, Argentina, Paraguay y Uruguay.

La Cancillería se orientará hacia la obtención de resultados concretos. Se impulsará la diplomacia digital y misiones específicas que culminen en acuerdos firmados, más allá de la mera presencia. Los viajes se realizarán únicamente cuando sean indispensables para la consecución de objetivos.

En foros internacionales sobre energía, clima y comercio, Bolivia presentará una agenda enfocada en una transición energética justa, que incluya salvaguardas socioambientales, la defensa del agua y beneficios tangibles. La visión es trascender la mera exportación de recursos para participar activamente en la cadena de valor agregado, la tecnología y la negociación en condiciones de simetría.

Respecto a la relación con Chile, se aboga por la paciencia y el respeto a la dinámica política interna del país vecino, que se encuentra en un proceso electoral este mes. Una vez que se reconfigure el gobierno, se presentarán las salutaciones correspondientes y se participará en los espacios que permitan consolidar el entramado institucional resultante de las elecciones. Posteriormente, se buscará restablecer el diálogo político y diplomático, tal como lo ha expresado el presidente Paz. La necesidad de acciones binacionales en la frontera es crucial, especialmente ante la reactivación de la minería de minerales críticos en el contexto de la transición energética, donde los recursos hídricos y la vocación minera compartida entre Perú, Chile, Bolivia y Argentina demandarán una colaboración sustantiva.

La diplomacia se traducirá en oportunidades a través de la apertura de mercados, la generación de empleos digitales y la creación de ecosistemas propicios para la inversión. La política exterior se integrará con la protección social, promoviendo el trabajo digno y productivo. El gabinete operará de manera colaborativa, sin divisiones internas.

La iniciativa de los amigos de Bolivia busca tejer una alianza práctica con Paraguay y Uruguay, y un bloque ampliado que incluya a Alemania, Japón, Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido. Se identifican oportunidades concretas, como el arancel cero británico, el interés inversor japonés y el capital alemán y norteamericano dispuesto a aterrizar en el país. El enfoque es la articulación estratégica, no los eslóganes.

Finalmente, el canciller solicita a la ciudadanía esperanza y paciencia. Se espera estabilizar la economía y los combustibles para diciembre, y consolidar los avances en los tres meses siguientes, antes de las elecciones locales de marzo. La administración no cederá ante chantajes ni bloqueos, enfatizando que la responsabilidad es compartida entre el sector público, el privado, los pueblos indígenas, la sociedad civil y los medios de comunicación para informar con transparencia. El propósito no es gestionar crisis, sino construir prosperidad, con un compromiso de rendición de cuentas y trabajo constante, basado en la transparencia y los resultados.

Fernando Aramayo Carrasco, el actual canciller, es un economista con un máster en Gestión y Políticas Públicas. Cuenta con 25 años de experiencia en desarrollo, gobernanza y cooperación internacional, habiendo colaborado con organizaciones como el PNUD y la GIZ en América Latina, África y Medio Oriente. Su visión se orienta a la modernización de la diplomacia boliviana

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