La intensa tormenta de granizo que se desató en la tarde del domingo en la ciudad de La Paz ha sido calificada por las autoridades locales como un fenómeno climático excepcional, comparable únicamente con el histórico evento ocurrido en febrero de 2002. Este temporal provocó emergencias significativas en varios barrios de la zona Sur, donde la fuerza del granizo y la posterior lluvia causaron daños estructurales severos, incluyendo el colapso de dos viviendas. La magnitud del fenómeno y sus consecuencias han llevado a una revisión detallada por parte del alcalde Iván Arias, quien manifestó que si bien el impacto fue considerable, las medidas preventivas adoptadas desde aquel evento hace más de dos décadas contribuyeron a evitar una tragedia mayor.
El episodio meteorológico tuvo lugar entre las 15:00 y las 17:00 horas del domingo, cuando una tormenta acompañada de granizo azotó con fuerza varias zonas residenciales en el sur de la ciudad. La intensidad del granizo fue tal que superó lo registrado en 2002, comparándolo con “tres baldes” llenos en un corto lapso, frente al “balde” que representó ese año. Sin embargo, a diferencia del desastre de hace más de veinte años, cuando se reportaron 62 fallecidos principalmente debido al colapso del río Choqueyapu y la concentración poblacional en el centro urbano, esta vez los ríos cumplieron su función natural y evitaron inundaciones catastróficas. No obstante, las viviendas ubicadas en sectores no autorizados para la construcción sufrieron daños irreparables debido a la humedad del suelo y la inestabilidad geológica.
En particular, dos casas fueron destruidas por completo. Según explicó el alcalde Arias, ambas estaban edificadas en terrenos ilegales y presentaban daños estructurales desde meses atrás. Una de esas viviendas tenía una inclinación visible que ya había motivado advertencias oficiales para su evacuación y desalojo por razones evidentes de seguridad. Pese a ello, solo tres personas habitaban esa residencia al momento del colapso y fueron evacuadas sin mayores incidentes personales. Este hecho pone en relieve uno de los desafíos persistentes para las autoridades municipales: la proliferación de construcciones informales en zonas vulnerables que incrementan el riesgo ante fenómenos naturales adversos.
El antecedente más grave registrado en La Paz ocurrió en febrero de 2002 cuando una prolongada granizada sumió calles enteras bajo capas gruesas de hielo y provocó un elevado número de víctimas fatales. A raíz de aquella tragedia se implementaron diversas medidas para mitigar riesgos similares, especialmente relacionadas con el manejo hidráulico y la planificación urbana. En este sentido, el actual temporal permitió evaluar la eficacia de esas acciones preventivas, destacando que los ríos lograron funcionar adecuadamente como canales naturales para drenar las aguas pluviales y evitar desbordes importantes.
No obstante, no todas las áreas estuvieron exentas de problemas graves. En el barrio Faro Achumani también se reportó un incidente relacionado con otra vivienda construida hace aproximadamente quince años sobre un talud inestable que finalmente cedió ante el peso y humedad acumulados. Esta situación refleja nuevamente cómo algunas edificaciones han sido levantadas sin considerar plenamente las condiciones geológicas ni los riesgos inherentes al terreno.
Tras el paso de la tormenta, los equipos municipales continuaron durante este lunes con labores intensivas para recuperar las viviendas afectadas y limpiar las calles anegadas por los restos del granizo acumulado. A pesar del impacto visual y material notable, las autoridades enfatizaron que no hubo pérdidas humanas atribuibles al evento reciente. Sin embargo, el alcalde Iván Arias enfrentó críticas por supuestas faltas en las previsiones ante esta emergencia climática. En respuesta, subrayó que los trabajos realizados durante estos años en la gestión hídrica contribuyeron a controlar mejor los efectos del temporal y evitar consecuencias aún más graves.
Este episodio pone nuevamente sobre la mesa la necesidad urgente de fortalecer políticas urbanísticas rigurosas que eviten asentamientos ilegales en zonas peligrosas y promover una cultura preventiva entre los habitantes para minimizar riesgos asociados a fenómenos meteorológicos extremos. La experiencia acumulada desde 2002 ha dejado lecciones valiosas que deben ser aplicadas con mayor contundencia para proteger tanto a las personas como a sus bienes frente a futuras contingencias climáticas que pueden presentarse con creciente frecuencia e intensidad debido a factores ambientales globales

