Este sábado se conmemoran diez años desde la realización del referendo del 21 de febrero de 2016, conocido popularmente como el 21F. Este evento marcó un hito importante en la historia política del país al reflejar la voluntad ciudadana expresada en las urnas sobre una cuestión fundamental: la propuesta de modificar la Constitución para permitir que el presidente o vicepresidente en funciones pudieran postularse para un nuevo mandato. El resultado fue un claro rechazo a esta iniciativa, lo que tuvo profundas repercusiones en el panorama político nacional.
El referendo del 21F se situó en un momento crucial, cuando el entonces presidente buscaba extender su permanencia en el poder mediante cambios constitucionales que generaron amplio debate y polarización en la sociedad. La negativa popular a esta modificación fue interpretada por diversos sectores como una manifestación contundente contra lo que muchos consideraban un intento de perpetuación autoritaria. Así, este rechazo se convirtió en una expresión clara de los ciudadanos para frenar cualquier avance hacia la concentración excesiva del poder.
El significado político y social de este referendo trasciende la simple consulta electoral. Representó una reafirmación democrática, un acto mediante el cual los ciudadanos ejercieron su derecho a limitar el poder de quienes ocupaban cargos públicos de alta responsabilidad. En este sentido, el 21F simboliza no solo una victoria electoral, sino también la defensa de los principios democráticos fundamentales que buscan evitar la consolidación de gobiernos hegemónicos o autoritarios.
El expresidente y reconocido historiador Carlos Mesa ha destacado públicamente la importancia histórica de esta fecha. En sus mensajes difundidos a través de redes sociales, Mesa ha señalado que el 21F fue el punto inicial del declive irreversible del dominio político que ejercía entonces el Movimiento al Socialismo (MAS). Según sus palabras, esta jornada marcó el comienzo del fin del gobierno en funciones y evidenció cómo un pueblo puede ejercer su soberanía para impedir la perpetuidad en el poder.
Mesa también subrayó que esta experiencia debe ser recordada como una lección vital para cualquier democracia. Resaltó que los sistemas democráticos solo pueden mantenerse saludables si existen mecanismos efectivos que limiten y controlen a quienes han sido elegidos para gobernar, legislar y administrar justicia. Esto implica reconocer la importancia de respetar los límites constitucionales y garantizar que ningún mandatario pueda alterar las reglas del juego democrático para favorecer su continuidad indefinida.
La conmemoración del décimo aniversario del 21F invita a reflexionar sobre cómo se han desarrollado las dinámicas políticas desde entonces y qué aprendizajes han quedado para fortalecer las instituciones democráticas. La consulta popular no solo impidió una reforma constitucional específica, sino que también reafirmó el papel activo de la ciudadanía como garante última del equilibrio político y social. Esta fecha es recordada por muchos como un momento clave en la defensa de la pluralidad política y los valores democráticos frente a intentos de concentración excesiva del poder.
En definitiva, el referendo del 21F representa un episodio decisivo en la historia reciente, con consecuencias directas sobre la estructura política nacional y sobre las expectativas ciudadanas respecto al ejercicio responsable y limitado del poder público. A diez años de ese proceso electoral, su legado sigue vigente como símbolo de resistencia ciudadana frente a tendencias autoritarias y como recordatorio permanente sobre la importancia vital de preservar los mecanismos que aseguran una democracia auténtica y funcional

