La selección nacional de Bolivia se encuentra en una etapa crucial de preparación para el repechaje internacional que definirá su participación en la próxima Copa del Mundo. Con la ciudad de Monterrey como escenario principal, el equipo avanza meticulosamente en la planificación logística para asegurar que el plantel llegue en las mejores condiciones tanto físicas como tácticas al compromiso decisivo.
Una delegación encabezada por miembros del cuerpo técnico, entre ellos Maximiliano Alonso, preparador físico del director técnico Óscar Villegas, viajó con anticipación a México para supervisar y ultimar los detalles relacionados con la concentración y los entrenamientos. Esta gestión previa resulta fundamental para adaptar al equipo no solo al clima y altitud locales, sino también a las características específicas de los campos donde se desarrollarán las prácticas y el partido oficial.
Según el análisis realizado in situ por Alonso, el plan contempla dividir la concentración en dos fases. La primera etapa tendrá lugar en un hotel ubicado en una zona céntrica de Monterrey, donde el equipo permanecerá durante tres o cuatro días previos al encuentro contra Surinam. Durante este periodo, las sesiones de entrenamiento se realizarán en los campos del Tecnológico de Monterrey, instalaciones que han sido evaluadas favorablemente por el cuerpo técnico debido a su excelente estado y similitud con el estadio oficial tanto en tipo de césped como en dimensiones. Esta elección estratégica busca minimizar cualquier desventaja que pudiera generar una adaptación tardía al terreno de juego.
Antes de establecerse en Monterrey, la selección tiene previsto iniciar su concentración en otro punto aún bajo evaluación. Este lugar se encuentra a aproximadamente tres horas de distancia y ofrece la posibilidad de entrenar en canchas cercanas al club Santos Laguna. Sin embargo, esta alternativa presenta ciertos desafíos logísticos debido a la necesidad de ajustarse al calendario y disponibilidad del club local, lo que podría complicar la organización óptima del cronograma del equipo nacional. A pesar de ello, esta opción sigue siendo considerada dentro del plan general para asegurar un periodo adecuado de preparación física y mental antes del desplazamiento final.
El inicio formal de la concentración está programado para el 15 de marzo, fecha desde la cual la delegación boliviana buscará alcanzar una adaptación progresiva tanto a las condiciones climáticas como a los requerimientos competitivos del repechaje. Este proceso es vital para que los jugadores puedan llegar con un ritmo adecuado y evitar cualquier tipo de contratiempo físico o táctico que pueda afectar su rendimiento durante el encuentro decisivo.
El compromiso frente a Surinam está fijado para el 26 de marzo y representa un paso fundamental hacia el objetivo mayor: asegurar un lugar en la Copa del Mundo. En caso de resultar vencedores, Bolivia deberá enfrentar nuevamente cinco días después al seleccionado iraquí en un partido definitivo que definirá su clasificación. La organización logística detallada y eficiente será clave para mantener al equipo enfocado y preparado durante estas jornadas intensas.
En resumen, la planificación llevada adelante por el cuerpo técnico boliviano refleja un enfoque profesional y estratégico orientado a maximizar las posibilidades deportivas. La elección cuidadosa de los lugares de concentración y entrenamiento, sumada a la anticipación con que se están coordinando todos los aspectos relacionados con la estadía en Monterrey, evidencian un compromiso serio con la preparación integral del plantel. Para Bolivia, esta fase no solo implica ajustar detalles operativos sino también construir las condiciones ideales para afrontar uno de los desafíos más importantes en su historia futbolística reciente

