El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, ofreció una perspectiva detallada sobre el manejo y proyección de las ventas de petróleo venezolano bajo la administración estadounidense, señalando que estas transacciones podrían alcanzar un volumen anual superior a los 10.000 millones de dólares. Este flujo económico significativo, según Wright, estaría destinado a contribuir a la reconstrucción integral del país sudamericano tras la salida del expresidente Nicolás Maduro del poder.
En una entrevista reciente, Wright explicó que hasta el momento se han concretado ventas por un valor aproximado de 1.000 millones de dólares en crudo venezolano. Además, destacó la firma reciente de acuerdos para comercializar otros 5.000 millones en los próximos meses, lo que implica un incremento sustancial en las operaciones petroleras gestionadas por Washington. Este volumen total proyectado supera ampliamente los 10.000 millones de dólares anuales, cifra que representa una fuente considerable de ingresos para Venezuela bajo la supervisión estadounidense.
Este avance se enmarca en un contexto político y económico complejo, donde el control y la administración del petróleo venezolano han sido un elemento central para Estados Unidos tras la captura del expresidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores a comienzos de enero por fuerzas estadounidenses. La intervención ha llevado a que Washington exija acceso total a los recursos petroleros del país, buscando asegurar una gestión que permita no solo la explotación eficiente del crudo sino también su utilización estratégica para fines políticos y sociales.
El secretario Wright resaltó que esta estrategia no solo implica beneficios económicos sino también un componente diplomático inusual y significativo. Se refirió al acuerdo alcanzado con Delcy Rodríguez, presidenta interina designada por Estados Unidos tras la caída de Maduro, calificando la cooperación como “histórica” y “una ganancia para todos”. En este sentido, el pacto energético busca revitalizar un sector vital para Venezuela mediante la comercialización de un tipo específico de crudo compatible con las refinerías estadounidenses construidas en los años setenta. Esta compatibilidad técnica facilita el proceso y mejora la eficiencia en el mercado petrolero bilateral.
Más allá del aspecto comercial, Wright subrayó el impacto potencial sobre la sociedad venezolana. Los ingresos derivados de estas ventas están destinados a financiar procesos fundamentales como la reconstrucción nacional y social después de años de crisis profunda. Entre los objetivos mencionados figuran el restablecimiento de instituciones democráticas representativas y la recuperación de una prensa libre, aspectos clave para consolidar un nuevo orden político y social en Venezuela.
El enfoque adoptado por Washington se caracteriza por evitar una intervención militar directa; Wright enfatizó que esta transformación se está realizando sin presencia militar estadounidense en territorio venezolano ni con recursos económicos provenientes directamente del contribuyente estadounidense. Según él, esta forma “no convencional” de diplomacia representa un cambio significativo en cómo Estados Unidos interactúa con países en crisis política y económica.
No obstante, Wright recordó que Estados Unidos mantiene una posición dominante sobre uno de los principales motores económicos venezolanos: la industria petrolera. Este control actúa como un instrumento clave para ejercer presión política sobre Caracas mientras se implementan cambios estructurales y políticos dentro del país.
En resumen, las declaraciones del secretario Chris Wright revelan no solo una dimensión económica importante relacionada con las ventas petroleras venezolanas gestionadas por Estados Unidos sino también una estrategia integral orientada a influir en el futuro político y social del país sudamericano mediante mecanismos económicos y diplomáticos innovadores sin recurrir al uso directo de fuerza militar o financiamiento público interno estadounidense. Esta dinámica tiene implicaciones profundas tanto para Venezuela como para la región latinoamericana en general, dada la relevancia geopolítica y energética que posee el país caribeño

