Después de un prolongado periodo de seis años en los que el servicio ferroviario hacia la región de la Chiquitanía estuvo suspendido, las autoridades han anunciado la reactivación del tren a partir del 27 de febrero. Esta interrupción se debió principalmente a las severas restricciones impuestas durante la pandemia, así como a una baja ocupación que hacía insostenible el funcionamiento del transporte ferroviario en esa ruta. La reanudación del servicio representa un paso significativo para mejorar la conectividad y fomentar el turismo en varias localidades clave.

El nuevo servicio estará operado por un ferrobús con capacidad para trasladar hasta 42 pasajeros por viaje. Esta modalidad, más moderna y eficiente, está diseñada para atender a las comunidades de San José, Roboré, Chochís, Aguas Calientes, Carmen Rivero Tórrez y Puerto Quijarro. Estas poblaciones habían quedado relativamente aisladas por la falta de transporte ferroviario directo, lo que afectó tanto a residentes como a visitantes interesados en explorar la riqueza natural y cultural de la Chiquitanía.

La directora de la Unidad Técnica de Ferrocarriles, Cynthia Aramayo, destacó que esta iniciativa busca incentivar principalmente el turismo en la región. La reapertura del tren no solo facilitará el desplazamiento seguro y cómodo para los viajeros locales, sino que también se perfila como una atractiva alternativa para turistas nacionales e internacionales que desean conocer una zona emblemática por su biodiversidad y patrimonio histórico. La recuperación del servicio ferroviario es vista como una estrategia para dinamizar la economía local mediante el incremento del flujo turístico.

En cuanto a los costos, se ha establecido un precio máximo de 150 bolivianos por pasaje. Este valor busca ser accesible para los usuarios y competitivo frente a otras opciones de transporte disponibles en el área. La fijación de tarifas contempla tanto la necesidad de cubrir los costos operativos como la intención de atraer a un número considerable de pasajeros para garantizar la viabilidad económica del proyecto.

Para asegurar que el servicio sea sostenible en el tiempo, las autoridades implementarán un sistema de evaluación trimestral. Cada tres meses se analizará detalladamente el índice de ocupación del ferrobús y otros indicadores clave que permitan determinar si es necesario ajustar la frecuencia, modificar rutas o explorar alternativas adicionales para mejorar la experiencia del usuario y optimizar los recursos invertidos. Este enfoque permite mantener una gestión dinámica y adaptativa frente a las demandas reales de los viajeros.

La expectativa es que el índice de ocupación alcance niveles entre el 90% y el 100%, lo cual reflejaría un alto grado de aceptación y aprovechamiento por parte del público. Alcanzar estos estándares es fundamental para justificar la continuidad del servicio y su eventual expansión o mejora futura. La apuesta por un ferrobús con altos estándares técnicos también apunta a ofrecer un viaje seguro, cómodo y eficiente que incentive aún más su uso regular.

En suma, la reactivación del tren hacia la Chiquitanía simboliza un esfuerzo conjunto entre las autoridades públicas encargadas del transporte ferroviario y las comunidades locales para recuperar una vía estratégica que conecta diversas poblaciones con potencial turístico destacado. Este paso no solo mejora las opciones logísticas disponibles sino que también impulsa una alternativa sostenible para fortalecer el desarrollo regional tras años difíciles marcados por restricciones sanitarias y limitaciones económicas. El seguimiento constante al desempeño del servicio permitirá ajustar estrategias y garantizar beneficios duraderos para todos los involucrados

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