La Federación Regional de Folklore y Cultura de Puno (FRFCP) ha emitido un comunicado oficial en el que establece una prohibición expresa para la participación de danzarines y grupos provenientes del extranjero en la próxima festividad de la Virgen de la Candelaria, una celebración emblemática para la región. Esta medida, fundamentada en las bases aprobadas por la propia federación y en su Estatuto Institucional, busca preservar y defender la identidad cultural puneña, un aspecto que la FRFCP considera fundamental para el desarrollo y respeto de las tradiciones locales.
La decisión no solo implica una restricción a nivel normativo, sino que también establece consecuencias claras para quienes incumplan con esta disposición. La federación advirtió que los conjuntos afiliados que permitan o fomenten la participación de bloques extranjeros serán sancionados con la separación del conjunto, considerando esta acción como una violación a los fines y objetivos institucionales que rigen a la FRFCP. Esta medida refleja un compromiso firme con la protección del patrimonio cultural y una voluntad explícita de mantener la autenticidad de las expresiones folclóricas puneñas.
Este pronunciamiento surge en un contexto marcado por controversias previas relacionadas con la participación de grupos extranjeros, especialmente bolivianos, en festividades tradicionales de Puno. En 2025, autoridades peruanas manifestaron su intención de evaluar restricciones específicas contra bandas y vestuarios provenientes de Bolivia para la festividad Virgen de la Candelaria 2026. Estas acciones se tomaron en respuesta a acusaciones sobre el origen disputado de ciertas danzas y manifestaciones culturales presentes en las celebraciones puneñas. La vicegobernadora regional de Puno y presidenta del Comité de Salvaguarda de esta festividad, Margot de la Riva, expresó entonces su preocupación por lo que calificó como “agresiones” provenientes de un sector reducido boliviano.
En aquel momento, se planteó presentar un documento formal ante el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú para solicitar que se impida el ingreso a estas celebraciones tanto de bandas bolivianas como del uso de vestuarios originarios del vecino país. La intención subyacente era reforzar el mensaje sobre el valor y originalidad del folclore local, destacando que en Puno se confeccionan sus propias prendas tradicionales y se interpretan sus propias músicas autóctonas. Esta postura evidenció un esfuerzo institucional por reafirmar el sentido identitario regional frente a tensiones culturales transfronterizas.
Estas manifestaciones ocurrieron pocos días después de una marcha protagonizada por autoridades municipales peruanas, representantes del folclore boliviano y grupos de danzarines que defendieron al personaje emblemático conocido como Pepino, símbolo icónico del Carnaval paceño. La movilización buscaba reivindicar esta figura ante denuncias por supuesta apropiación cultural durante eventos religiosos realizados en Puno. Este episodio reflejó las complejidades inherentes a las expresiones folclóricas compartidas o similares entre comunidades vecinas y planteó retos sobre los límites entre tradición compartida y derechos culturales exclusivos.
Finalmente, el comunicado emitido por la FRFCP no menciona directamente a Bolivia ni especifica restricciones hacia ese país; sin embargo, establece una prohibición generalizada para todos los danzarines extranjeros. Esta estrategia puede interpretarse como una forma institucional para abordar las tensiones existentes sin generar confrontaciones diplomáticas directas. En todo caso, representa una señal clara sobre el interés prioritario por resguardar las manifestaciones culturales puneñas dentro del marco legal e institucional vigente.
Para la población involucrada en esta festividad, que reúne cada año a miles de participantes y espectadores nacionales e internacionales, esta medida tiene implicaciones significativas. Limitar la participación exclusivamente a grupos locales puede fortalecer el sentido comunitario y promover un mayor reconocimiento interno del valor cultural propio. A su vez, plantea desafíos en términos logísticos para los organizadores, quienes deberán garantizar el cumplimiento riguroso de estas disposiciones sin afectar el desarrollo tradicional ni el atractivo turístico del evento.
En resumen, esta decisión refleja un esfuerzo consciente por parte de las autoridades culturales regionales para preservar una identidad folclórica considerada única y valiosa frente a influencias externas. La festividad Virgen de la Candelaria no solo es un evento religioso sino también un espacio vital para expresar raíces ancestrales y fortalecer vínculos sociales dentro del departamento. La prohibición anunciada apunta entonces a asegurar que esta expresión siga siendo auténtica y representativa del pueblo puneño tal como ha sido históricamente concebida

