Tras más de dos meses sin comunicación directa, el presidente Rodrigo Paz y el vicepresidente Edmand Lara rompieron el silencio en un encuentro público que llamó la atención de la opinión pública y los medios de comunicación. Este momento se produjo en el marco de la conmemoración del 245 aniversario del grito libertario de Oruro, una fecha emblemática para la región que reúne tradiciones históricas y religiosas. La reunión tuvo lugar en la catedral Nuestra Señora de la Asunta, conocida como la Capital del Folclore, durante una celebración eucarística organizada por la Iglesia católica, que actuó como mediadora para propiciar un acercamiento entre las máximas autoridades del Estado.
El distanciamiento entre Paz y Lara se había mantenido desde las primeras sesiones de gabinete realizadas tras su posesión en noviembre de 2025. Desde entonces, no se registraron intercambios públicos ni privados entre ellos, lo que generó especulaciones sobre la relación política y personal que mantienen. Sin embargo, en esta ocasión especial, el obispo de Oruro, monseñor Cristóbal Bialasik, promovió un gesto simbólico para buscar reconciliación y unidad. El vicepresidente fue el primero en llegar a la catedral acompañado por su equipo y seguridad, ocupando un lugar distinguido junto a autoridades regionales. Poco después ingresó el presidente acompañado por varios ministros; al notar la presencia de Lara no dudó en acercarse para saludarlo con un apretón de manos y una leve inclinación.
El saludo fue breve pero significativo, ya que representó la primera interacción directa pública entre ambos desde hace meses. Durante la ceremonia religiosa, ambos recibieron una bendición especial y un escapulario impuesto por el obispo Bialasik como símbolo de protección espiritual y unidad. Aunque este gesto fue bien recibido por ambos funcionarios, su interacción se limitó a estos momentos protocolares sin profundizar en un diálogo más cercano o prolongado. Tras recibir estas señales simbólicas, Paz tomó la palabra para anunciar una inversión significativa destinada a la restauración de la Basílica Menor de Nuestra Señora del Socavón con un presupuesto de seis millones de bolivianos.
Este anuncio tuvo un doble significado: además de responder a demandas culturales e históricas locales, representó una oportunidad para enviar un mensaje hacia Lara al enfatizar que “el amor está por encima del odio”, subrayando así la importancia de dejar atrás diferencias personales o políticas para trabajar unidos por el país. En respuesta a esta exhortación, el obispo reiteró su llamado a ambos líderes para actuar como hermanos y colaborar en beneficio común. Sin embargo, pese a estos gestos públicos durante la ceremonia litúrgica, al concluir el acto cada uno abandonó el templo por separado sin intercambiar nuevas muestras de camaradería o diálogo.
Este desenlace evidenció que aunque hubo un intento inicial de acercamiento impulsado por la Iglesia católica, las diferencias aún persisten y no se logró consolidar una reconciliación plena entre Paz y Lara. El propio monseñor Bialasik expresó su pesar ante esta situación pero mantiene esperanza y disposición para facilitar futuros encuentros personales con cada uno por separado con miras a fomentar entendimiento y colaboración mediante conversaciones informales.
Paralelamente a este episodio político-religioso, el presidente Paz desarrolló una intensa agenda oficial en Oruro donde reafirmó su compromiso con proyectos estratégicos orientados al desarrollo regional. Durante su visita a la Basílica Menor recordó sus años participando activamente en las peregrinaciones danzantes tradicionales que forman parte del patrimonio cultural local. Su recorrido incluyó también una visita a la Zona Franca Comercial donde dialogó con autoridades locales y empresarios sobre oportunidades económicas.
En otro acto emblemático celebrado en la Gobernación regional, participó junto a campesinos productores de quinua y ganaderos camélidos en una celebración donde se preparó un pastel gigante para festejar el aniversario histórico. Este evento simbólico sirvió para fortalecer vínculos con sectores productivos clave del departamento.
En términos económicos y logísticos presentó el proyecto Corredor Oruro–Puertos del Pacífico, una iniciativa ambiciosa destinada a posicionar a Oruro como un eje estratégico dentro del comercio internacional al conectar las rutas marítimas del Pacífico con regiones amazónicas y atlánticas mediante infraestructura integrada. Este corredor busca dinamizar las exportaciones e importaciones facilitando el acceso competitivo al mercado global desde Bolivia.
Finalmente, Paz anunció avances en las relaciones diplomáticas con países vecinos especialmente Chile y Brasil enfocadas en reactivar vínculos comerciales fundamentales para potenciar intercambios económicos bilaterales. Este esfuerzo apunta a superar antiguos obstáculos políticos mediante acuerdos pragmáticos centrados exclusivamente en beneficios económicos mutuos.
En resumen, aunque persisten tensiones políticas evidentes entre las principales autoridades nacionales reflejadas en su escasa comunicación directa fuera del ámbito formal religioso o institucional, existen señales públicas incipientes orientadas hacia un posible entendimiento futuro impulsado desde sectores eclesiásticos y sociales. Simultáneamente se mantienen iniciativas gubernamentales destinadas al desarrollo regional integral que buscan fortalecer tanto identidad cultural como capacidades productivas vinculadas al comercio exterior e integración internacional. La jornada vivida en Oruro constituye así un reflejo complejo pero esperanzador sobre los desafíos políticos internos combinados con oportunidades estratégicas para Bolivia

