Un tribunal iraní ha dictado una sentencia condenatoria contra Narges Mohammadi, destacada activista y ganadora del Premio Nobel de la Paz, imponiéndole una pena de seis años de prisión. La decisión judicial, comunicada a través de su abogado, señala que la condena se fundamenta en cargos relacionados con asociación y colusión para cometer delitos, lo que implica un marco legal que penaliza la cooperación en actividades consideradas ilícitas por las autoridades iraníes. Además de la privación de libertad, se le ha impuesto una restricción para salir del país durante un periodo de dos años, limitando así su movilidad internacional.
La sentencia no se limita a los seis años mencionados; Mohammadi también fue condenada a un año y medio adicional por actividades consideradas como propaganda en contra del régimen vigente. Como parte de la sanción, se ha determinado su exilio interno a la ciudad de Josf, ubicada en la provincia oriental de Jorasán del Sur. Este tipo de destierro interno representa una forma adicional de castigo que implica separar a la activista de sus redes habituales y posiblemente dificultar su participación en actividades políticas o sociales desde su nuevo lugar de residencia forzosa.
Es relevante destacar que conforme a la legislación iraní vigente, las penas privativas de libertad impuestas simultáneamente se cumplen al mismo tiempo, lo que significa que el tiempo total en prisión será el mayor entre las sentencias dictadas y no una suma acumulativa. Esta modalidad legal influye directamente en el cálculo del periodo que Mohammadi deberá permanecer detenida.
El abogado defensor expresó cierta esperanza respecto a la posibilidad de que Mohammadi pueda acceder a una liberación temporal bajo fianza debido a sus problemas médicos actuales. La activista ha enfrentado problemas graves de salud, incluyendo una reciente cirugía para extirpar un tumor y un injerto óseo. Esta condición médica ha sido reconocida por las autoridades iraníes hasta el punto de concederle una licencia médica temporal el pasado diciembre durante tres semanas, con el fin de permitirle recibir tratamiento fuera del ambiente carcelario.
La condena emitida por el tribunal aún no es definitiva y existe la opción legal para presentar un recurso de apelación. Esta posibilidad mantiene abierta una vía para revisar o modificar el fallo judicial en instancias superiores dentro del sistema judicial iraní.
Narges Mohammadi es una figura emblemática dentro del movimiento por los derechos humanos en Irán. Durante más de 25 años ha sido objeto constante de persecución judicial debido a su activismo enfocado en denunciar y combatir prácticas como la pena capital y las estrictas normativas sobre el código de vestimenta obligatorio para las mujeres. Su lucha ha implicado múltiples juicios y encarcelamientos recurrentes, reflejando tanto su compromiso como la resistencia estatal frente a sus demandas.
A lo largo de esta década, Mohammadi ha permanecido gran parte del tiempo tras las rejas, situación que le ha impedido mantener contacto frecuente con sus hijos residentes en París desde 2015. Esta separación familiar añade un componente humano significativo a su historia personal y al costo social y emocional derivado de su activismo.
En reconocimiento a su valentía y dedicación pese al encarcelamiento, Mohammadi fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2023. Dicha distinción pone en relieve internacionalmente su campaña contra la pena capital en Irán, uno de los países con mayores tasas de ejecuciones anuales según organizaciones internacionales defensoras de los derechos humanos como Amnistía Internacional. En ausencia física debido a su detención, fueron sus hijos quienes recibieron el premio en representación suya.
El caso Mohammadi no solo subraya las tensiones existentes entre los movimientos sociales pro derechos humanos y las autoridades iraníes, sino también pone en evidencia las condiciones represivas bajo las cuales operan activistas dentro del país. La condena dictada tiene implicaciones directas para ella pero también envía un mensaje disuasorio hacia otros opositores o defensores civiles involucrados en causas similares.
En síntesis, esta nueva sentencia contra Narges Mohammadi representa una escalada significativa dentro del contexto judicial iraní hacia quienes desafían normas estatales sensibles como la pena capital o los códigos religiosos impuestos por ley. La comunidad internacional observa con atención estos hechos dado el impacto que tienen sobre los derechos fundamentales y las libertades civiles dentro del país persa

