El reciente análisis realizado por el experto Gonzalo Chávez sobre los resultados de una encuesta revelada por IPSOS-Ciesmori para Unitel aporta una perspectiva profunda sobre la percepción social frente a la eliminación de la subvención a los combustibles, una medida económica adoptada por el Gobierno con el objetivo de mejorar la situación financiera del país. Según esta encuesta, un amplio porcentaje de la población, aproximadamente el 78%, respalda esta decisión, lo que indica una conciencia colectiva acerca de la necesidad de cambios estructurales en la política económica, a pesar de los impactos negativos que esta medida ha generado en los bolsillos de los ciudadanos.
Chávez explica que el respaldo mayoritario proviene del reconocimiento generalizado de que el sistema anterior de subsidios no beneficiaba equitativamente a toda la población. De hecho, se percibía que los subsidios favorecían principalmente a sectores privilegiados y alimentaban problemas como la escasez y la corrupción. Esta percepción ha sido clave para que, aunque exista un impacto económico negativo directo en gran parte de los hogares, la sociedad acepte y apoye el cambio como un paso necesario para corregir distorsiones profundas en la economía nacional.
El impacto en las finanzas familiares es palpable y significativo. La encuesta indica que un 42% de los consultados manifestó haber sido afectado “mucho” por el incremento en los precios de la gasolina y el diésel tras la eliminación del subsidio. Además, otro 41% señaló que esta alza impactó “moderadamente” su presupuesto mensual. Esto refleja cómo el aumento en los costos del combustible no solo afecta directamente al consumidor en términos del precio en las estaciones de servicio, sino que también genera un efecto dominó al elevar los costos asociados a la canasta familiar, encareciendo productos y servicios básicos para una gran parte de la población.
Sin embargo, este contexto adverso no ha disminuido el apoyo social hacia la decisión gubernamental. Según Chávez, este respaldo no debe interpretarse como un apoyo incondicional o un “cheque en blanco”. Más bien representa un consenso fuerte pero condicionado: la ciudadanía está dispuesta a aceptar medidas difíciles siempre y cuando estas conduzcan a resultados tangibles en un horizonte cercano o mediano. La expectativa es clara: se espera que el Gobierno demuestre avances concretos en estabilizar variables económicas claves como la inflación y el tipo de cambio, además de mostrar una gestión responsable del gasto público.
El analista subraya que para mantener y fortalecer este apoyo social es indispensable que las autoridades implementen políticas efectivas encaminadas a reducir el déficit fiscal y mejorar la eficiencia del sector público. En particular, menciona la necesidad urgente de reformar o reestructurar las empresas estatales deficitarias mediante procesos como su cierre, privatización o modernización. De esta manera, se busca repartir equitativamente las cargas económicas entre todos los actores involucrados: no solo debe ser sacrificio del ciudadano común sino también del Estado.
En suma, el panorama descrito por Gonzalo Chávez pone en evidencia una sociedad consciente y crítica frente a las medidas económicas adoptadas. Aunque estas han generado dificultades inmediatas para muchos hogares, prevalece una comprensión generalizada sobre su necesidad para lograr una economía más sana y sostenible. La clave estará ahora en cómo el Gobierno responde a estas expectativas mediante políticas claras y resultados visibles que justifiquen el costo social asumido hasta ahora por gran parte de la población. Esta dinámica refleja un momento crucial donde se pone a prueba tanto la capacidad estatal para gestionar reformas profundas como la resiliencia ciudadana frente a ajustes económicos complejos pero imprescindibles

