La ministra de Salud, Marcela Flores, reveló que al asumir su cargo en noviembre pasado, encontró un sistema sanitario en estado crítico, marcado por deficiencias operativas, financieras y administrativas, además de una estructura burocrática excesivamente inflada.
Entre los principales obstáculos detectados, la ministra destacó la excesiva burocracia y las barreras legales que dificultan a los hospitales asegurar un suministro adecuado y oportuno de medicamentos esenciales. Indicó que los hospitales de tercer nivel dependen de transferencias presupuestarias de los gobiernos departamentales, cuyos desembolsos suelen retrasarse, lo que impide la ejecución efectiva de los recursos.
En materia epidemiológica, la ministra advirtió sobre un contexto preocupante, con un incremento en enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión, la persistencia del cáncer cervicouterino y la amenaza de perder la certificación de país libre de sarampión. Esta situación se atribuye al debilitamiento del primer nivel de atención y a la falta de una vigilancia epidemiológica activa y preventiva.
Además, Flores denunció que varias infraestructuras sanitarias, especialmente en zonas rurales, se encuentran sin el equipamiento adecuado ni personal suficiente, mientras que otras permanecen abandonadas. Subrayó que la gestión administrativa ha estado más enfocada en trámites burocráticos que en la operatividad real del sistema.
Finalmente, la ministra señaló que el sistema de salud enfrenta una crisis financiera profunda, con deudas que superan los 450 millones de bolivianos, acumuladas principalmente entre los años 2022 y 2025, lo que agrava aún más la situación del sector

