El empate sin goles entre París Saint-Germain y Newcastle cerró la fase previa de la Liga de Campeones para ambos equipos, que llegaron a este encuentro como dos de los mejores del inicio del torneo. Sin embargo, una racha negativa en las últimas jornadas los dejó fuera del top ocho, en un partido donde el conjunto dirigido por Luis Enrique dominó territorialmente pero no logró convertir ese control en oportunidades claras de gol.
En el Parque de los Príncipes, el pitido final fue acompañado por algunos silbidos aislados, reflejo de la frustración de una afición que presenció un duelo intenso pero con escasas ocasiones de peligro. El balón parado resultó ser un problema para los locales, quienes defendieron con orden y supieron aprovechar las pocas oportunidades que tuvieron.
El PSG aún tiene dos encuentros por disputar en la fase de grupos, una situación que no parece preocupar demasiado a su entrenador, especialmente después de haber quedado eliminado en la Copa. El equipo francés ahora deberá afrontar una fase de repesca, un escenario siempre impredecible para los campeones de Europa.
Esta temporada ha sido diferente a la anterior, cuando el PSG comenzó titubeante pero terminó mostrando un gran rendimiento. En cambio, en esta ocasión, a pesar de un buen inicio, el equipo ha finalizado con una derrota y dos empates, ubicándose en la undécima posición, justo por encima del Newcastle, que cerró un puesto más abajo.
En el entorno del club francés comienzan a surgir dudas, algo poco habitual en un equipo acostumbrado a mantener estabilidad. El técnico Luis Enrique intenta restar importancia a estas señales de alerta, apoyándose en el crédito ganado la campaña pasada.
Las incertidumbres se extienden desde la portería, donde el joven Lucas Chevalier ha cometido varios errores, hasta la delantera, donde Dembélé aún no ha alcanzado su mejor nivel tras recibir el Balón de Oro. El regreso de Hakimi, tras una lesión y su participación en la Copa África, tampoco ha sido suficiente para mejorar el rendimiento general.
En el partido, el PSG buscó cerrar el encuentro rápidamente y, al minuto, un penalti señalado con ayuda del VAR por mano de Miley facilitó esa intención. Sin embargo, Dembélé se encontró con un inspirado portero Pope, quien cuatro minutos después fue sorprendido por un disparo desde fuera del área de Vitinha, que anotó su quinto gol en la competición.
El partido parecía favorable para los locales, que controlaban el balón pero sin generar ocasiones claras, mientras Newcastle se limitaba a defender ordenadamente y buscar contragolpes. Sin embargo, el peligro más notable para el PSG llegó a balón parado, donde la defensa mostró dificultades ante los jugadores de mayor envergadura del equipo inglés.
Una lesión de Kvaratskhelia en el minuto 22, tras una entrada de Elenga, no modificó el dominio del PSG. En los minutos finales del primer tiempo, una falta lanzada por Tonali desde el círculo central provocó un despeje defectuoso de Marquinhos, lo que permitió a Willock igualar el marcador.
Tras el empate, el PSG perdió intensidad y Newcastle encontró espacio para manejar el balón, aunque sin generar peligro significativo sobre la portería defendida por Safonov. Un gol anulado a Willock por fuera de juego y la falta de precisión de Dembélé evidenciaron la frustración del equipo local, que comenzó a recibir murmullos de desaprobación desde la grada.
Luis Enrique intentó aumentar la presión en la segunda parte, consciente del riesgo que implica la fase de repesca, pero la imprecisión persistió. Newcastle se replegó y apostó por el contragolpe, con la entrada de Wissa y Gordon para refrescar el ataque. En el minuto 86, Barnes obligó a Safonov a realizar una gran intervención, la última oportunidad clara del encuentro.
El resultado deja a ambos equipos en una posición complicada de cara a la siguiente fase, con el PSG enfrentando desafíos para recuperar su mejor nivel y Newcastle manteniendo la esperanza de avanzar en la competición

