Desde hace más de un mes, el expresidente Luis Arce se encuentra bajo custodia en el penal de San Pedro, tras la incautación de su teléfono celular. Durante su estadía, ha buscado evitar conflictos con otros internos mediante gestos de generosidad: en Navidad entregó juguetes a los niños y panetones a los adultos; en Año Nuevo, ofreció lechón a todos los reclusos de la Sección Posta, quienes debían agradecerle y estrecharle la mano tras recibir su plato, según testimonios de personas privadas de libertad.
Arce está recluido de forma preventiva en el marco de una investigación relacionada con un importante caso de corrupción vinculado a la gestión del Movimiento al Socialismo (MAS), específicamente el desfalco al Fondo Indígena. Su situación contrasta notablemente con la comodidad que tuvo en el pasado, cuando residía en espacios amplios y privados, como su vivienda en Miraflores, un departamento en Sopocachi o el piso 24 de la Casa Grande del Pueblo, diseñado especialmente para el descanso presidencial.
Actualmente, su celda está construida con venesta y estuco, un espacio húmedo que anteriormente ocupaban dos exmilitares que Arce ordenó procesar durante la crisis política de 2019. Por fortuna para él, estos salieron poco antes de su ingreso, y fue recibido por un exfuncionario de la Aduana, amigo suyo, quien lo cuidó durante los primeros días. Se informó que Arce pagó 200.000 bolivianos por una celda aislada, anticipando su encarcelamiento.
Un funcionario penitenciario, que prefirió mantener el anonimato, detalló que Arce distribuyó alrededor de 3.000 juguetes a los hijos de los internos y compartió un plato de lechón con quienes están en su sección. Este acto, según el servidor, reflejó más un gesto personal que un intento de congraciarse. Debido a su condición, el expresidente permanece parcialmente aislado bajo vigilancia policial y aún debe cumplir una sanción por portar un teléfono celular en su celda. Además, recibe controles diarios de signos vitales y ha sido recomendado para realizar ejercicios físicos, actividad que realiza con la ayuda de un interno que es profesor de Educación Física. Practica básquetbol en horarios de bajo riesgo dentro de la sección Posta, similar a lo que hacía con el excomandante del Ejército Juan José Zúñiga, preso en otro penal.
En medio de este contexto, se han difundido rumores sobre la seguridad de Arce, incluyendo la supuesta contratación de guardaespaldas extranjeros, aunque estas afirmaciones han sido desmentidas por fuentes cercanas que aseguran que su protección está a cargo de policías en turnos rotativos. La convivencia en San Pedro es compleja y está marcada por figuras como Arturo Murillo, conocido como “El manillas”, quien también cumple condena allí. Murillo, expulsado de Estados Unidos tras una condena por lavado de dinero, ocupa una celda que antes perteneció a un exzar antidrogas extraditado a Nueva York.
El penal se caracteriza por un sistema interno que involucra normas impuestas por los reclusos antiguos y una economía particular que, según algunas versiones, incluye la colaboración de ciertos custodios policiales. Aunque se han reportado visitas fuera de los horarios permitidos, las autoridades penitenciarias niegan rotundamente estas irregularidades y aseguran que se aplican sanciones estrictas para evitar cualquier ingreso no autorizado.
La situación se vuelve aún más compleja al considerar que otros exfuncionarios del MAS también están recluidos en el sistema penitenciario. Por ejemplo, el exministro de Obras Públicas, responsable en parte de la infraestructura carcelaria, se encuentra en la ampliada Sección Grulla, destinada anteriormente al aislamiento de reos peligrosos. Asimismo, el exejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), Juan Carlos Huarachi, fue trasladado por motivos de seguridad al penal de máxima seguridad de Chonchocoro.
No está claro si Arce y otros exfuncionarios como Montaño han interactuado durante su encierro ni si perciben la presencia de Murillo como una amenaza directa. Sin embargo, el ambiente en San Pedro es tenso y propicio para situaciones inesperadas, recordando la advertencia que Murillo hizo en 2020 mientras manipulaba unas manillas: “No estoy jugando”. Este escenario refleja las complejidades y contradicciones que rodean a los personajes políticos que hoy enfrentan la justicia desde el interior de las cárceles

