El 6 de agosto, Sucre se vistió de solemnidad para conmemorar dos siglos de historia boliviana, reflejando la importancia simbólica de la ciudad como capital constitucional. La jornada estuvo marcada por una serie de homenajes, actividades culturales y eventos que resaltaron el origen de la República. Durante meses previos, se desarrollaron iniciativas históricas, académicas y artísticas que buscaron fortalecer la conciencia histórica en la sociedad, a través de debates y exposiciones.

En distintas localidades, la celebración se concebió como un ejercicio de memoria colectiva, que invitó a reflexionar sobre la fundación del Estado, sus fracturas, las promesas pendientes y los retos que enfrenta Bolivia en la actualidad.

Durante la sesión solemne de la Asamblea Legislativa Plurinacional, el presidente Luis Arce Catacora dedicó un extenso discurso para repasar la historia nacional y los desafíos presentes. Destacó que la historia se construye con dignidad y resistencia, y enfatizó que el Bicentenario debe entenderse no como un punto final, sino como el comienzo de una nueva etapa para el país, subrayando la necesidad de unidad nacional para afrontar los tiempos complejos.

No obstante, la conmemoración tuvo una escasa repercusión internacional. En Sucre asistieron la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, y la vicepresidenta de Ecuador, María José Pinto, mientras que la ausencia de otros mandatarios regionales fue notable, incluso con cancelaciones de visitas confirmadas. Esta situación fue aprovechada por los candidatos presidenciales presentes, quienes aprovecharon la ocasión para lanzar críticas y posicionarse políticamente.

Rodrigo Paz expresó de manera directa su percepción de aislamiento diplomático, señalando que “no vino nadie a querer estar con nosotros” y calificó el discurso presidencial como un reflejo de una etapa política desconectada del país. También cuestionó simbólicamente la omisión del saludo a las Fuerzas Armadas durante el acto.

Por su parte, Jorge Tuto Quiroga adoptó un tono conmemorativo con matices electorales, al señalar que, tras dos siglos de independencia, la libertad está hoy dañada, y sugirió que el futuro político podría cambiar en las próximas elecciones, poniendo fin a “dos décadas oscuras”.

En resumen, el Bicentenario dejó una imagen dual: por un lado, una Sucre impecable y consciente de su relevancia histórica; por otro, un acto central con una retórica de grandeza pero con limitada resonancia internacional, y un escenario político en el que la fecha patria se convirtió en un termómetro del país. Así, Bolivia celebró sus 200 años con una mirada hacia el pasado, mientras se disputaba con urgencia quién escribirá el próximo capítulo de su historia en el inicio del nuevo siglo patrio

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