Un ambiente de creciente preocupación envuelve al club paulista, inmerso en una compleja batalla por la permanencia en la máxima categoría del fútbol brasileño. Las recientes acciones de su figura más prominente durante el encuentro contra Flamengo han exacerbado la tensión interna, generando descontento tanto entre sus compañeros como en la cúpula directiva. Se percibe que el comportamiento del jugador ha contribuido a una mayor inestabilidad en el vestuario, precisamente en un momento crucial para la institución.

Durante su más reciente aparición en el campo, el delantero, con un notable historial en clubes europeos como Barcelona y PSG, manifestó abiertamente su frustración hacia su compañero de equipo, el argentino Álvaro Barreal. Adicionalmente, cuestionó la decisión del entrenador Juan Pablo Vojvoda de sustituirlo a los 85 minutos, en un partido que el Santos perdió 3-2 ante uno de los finalistas de la Copa Libertadores en el icónico Maracaná. Dentro de la institución, se consideró que su comportamiento fue inusualmente desmedido.

En el seno del equipo, la interpretación predominante es que el futbolista expuso a sus colegas a situaciones incómodas en diversas ocasiones a lo largo del encuentro, sin lograr un aporte efectivo a la necesaria reacción del conjunto. Actualmente, el equipo se encuentra a dos puntos de la salvación, con solo cuatro jornadas restantes para evitar el descenso. La percepción general es que el número 10 proyecta una imagen de que sus compañeros carecen de la capacidad suficiente para auxiliar al club en su lucha contra la Serie B. Esta actitud ha mermado el consenso que previamente existía en torno a su liderazgo dentro del Santos.

La irritación del jugador se hizo patente en múltiples episodios del partido. En una jugada ofensiva, expresó su desaprobación cuando Barreal optó por no cederle el balón. En otro instante, recorrió una considerable distancia del campo para ejecutar un saque de meta desde el área del arquero Brazão, eligiendo pasar el esférico a Zé Ivaldo, quien finalmente lo despejó en lugar de buscar una combinación. Asimismo, el delantero, que llegó procedente del Al Hilal de Arabia Saudita, amonestó severamente al defensor Zé Ivaldo tras un error que propició el tercer gol del Flamengo.

El estratega argentino Juan Pablo Vojvoda también fue objeto de las quejas del futbolista, quien nació en Mogi das Cruzes. Cuestionó la determinación de ser reemplazado por Benjamín Rollheiser y se dirigió directamente a los vestuarios al abandonar el terreno de juego, en lugar de permanecer junto a sus compañeros. Mientras la afición del Flamengo coreaba cánticos hostiles, el jugador se señaló a sí mismo y preguntó al técnico: “¿A mí?”. Curiosamente, sin su presencia, el Santos logró anotar dos tantos, aunque no consiguió igualar el marcador.

La respuesta de la directiva ha sido evitar cualquier medida disciplinaria contra el capitán, considerando que el incidente fue resuelto internamente en el vestuario. La prioridad de los dirigentes es preservar la cohesión del grupo y eludir conflictos adicionales en la fase decisiva del campeonato. Se sabe que el jugador ofreció disculpas a sus compañeros, especialmente a aquellos que fueron alcanzados por un vaso de agua que arrojó al salir del partido. La principal molestia del futbolista, según él mismo manifestó públicamente durante el descanso, estaba dirigida hacia la actuación arbitral.

En cuanto a su preparación para el compromiso contra Flamengo, el jugador no viajó con el resto del equipo desde San Pablo a Río de Janeiro el viernes, sino que se incorporó el sábado. Esta decisión se tomó siguiendo indicaciones médicas, tras haberse ausentado también en el partido anterior frente al Palmeiras. El club justificó esta situación alegando que el futbolista cumplió con actividades programadas en el CT Rei Pelé. Esta prerrogativa fue autorizada por el Santos, a pesar de que otros jugadores en circunstancias similares, como el defensor Luan Peres, sí se reintegraron y viajaron con el grupo en la fecha habitual.

El desempeño del futbolista en el campeonato brasileño ha sido limitado: participó en apenas 15 partidos y estuvo ausente en otros 17, lo que implica que el Santos no pudo contar con él en más de la mitad del torneo. En este contexto, dentro del club existen dos puntos de vista convergentes: el primero, que el jugador tiene la capacidad de aportar más de lo que ha demostrado hasta ahora; el segundo, que la actitud exhibida en el Maracaná resulta más perjudicial que beneficiosa para el equipo.

La situación ha obligado a la directiva, al cuerpo técnico y a los jugadores a ofrecer explicaciones públicas. Tras el partido, el delantero Guilherme, el director de fútbol Alexandre Mattos y el entrenador Juan Pablo Vojvoda respondieron a las preguntas de la prensa sobre el comportamiento del capitán. Todos optaron por minimizar la trascendencia del incidente para evitar que la crisis se profundice, considerando que el club afronta seis encuentros cruciales para evitar el segundo descenso en su historia.

En medio de la controversia, Mattos manifestó su apoyo al jugador mediante un mensaje difundido el martes: “Mi hermano, solo nunca estarás… Ten la certeza de que estoy aquí para recibir los golpes de la vida junto a ti”, escribió el dirigente, defendiendo al número 10 y calificándolo como un genio incomprendido. El ex entrenador Vanderlei Luxemburgo también se pronunció sobre la actitud del jugador, señalando que “el nombre pesa, pero el ejemplo pesa más”, en referencia a las protestas por el cambio y su decisión de no permanecer en el banquillo hasta el final del partido

administrator

Related Articles

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Recibe noticias en WhatsApp