El canciller Fernando Aramayo ha delineado una ambiciosa estrategia para la política exterior de la nación, enfatizando la urgencia de establecer una alianza estratégica con Paraguay y Uruguay. Esta iniciativa, considerada crucial a corto plazo, busca no solo incentivar el retorno de empresas que migraron a países vecinos, sino también capitalizar la posición geopolítica y las continuidades geográficas compartidas por estas tres naciones. El objetivo es forjar sinergias inteligentes que permitan presentar una agenda regional de colaboración, generando beneficios mutuos y atrayendo inversiones de diversas latitudes, incluyendo Europa y América.
La autoridad nacional subrayó la necesidad de una diplomacia más estratégica, orientada a maximizar las oportunidades para el bienestar de los ciudadanos. En este sentido, el nuevo perfil de la representación boliviana en el exterior deberá equilibrar una presencia política con una fuerte dimensión comercial, donde el desempeño sea medido por resultados concretos y medibles.
Se concibe que la articulación entre Bolivia, Paraguay y Uruguay facilitará un mayor flujo de capitales y proyectos. Esta visión de un bloque colaborativo, aunque algunos lo han equiparado a un G7 regional, se enfoca primordialmente en la consecución de intereses nacionales tangibles.
La redefinición de la representación diplomática implica que su función trascienda la mera presencia política para convertirse en un motor de desarrollo comercial. El personal diplomático será evaluado por indicadores de rendimiento, entendiendo que los recursos asignados a su labor en el extranjero constituyen una inversión, no un gasto. Esta inversión se espera que reditúe en la apertura de nuevos mercados, la construcción de acuerdos, la participación en esquemas de integración económica regional, la promoción de convenios entre el sector privado y la atracción de inversiones, elementos que contribuirán al incremento del Producto Interno Bruto y la diversificación de la matriz económica.
Para potenciar la eficacia del cuerpo diplomático, el presidente Paz ha instruido un enfoque en la consecución de resultados, impulsando el uso intensivo de herramientas tecnológicas y digitales. Los viajes al exterior, por tanto, deberán justificarse por la capacidad de concretar resultados materiales y tangibles, más allá de promesas o intenciones. Si bien se reconoce el valor de la interacción personal para construir confianza, la presencia ministerial en el país se prioriza para atender emergencias internas. No obstante, la participación en foros internacionales relevantes, como la Cumbre Iberoamericana o las reuniones del directorio de la CAF para negociar recursos, se mantendrá, siempre bajo la premisa de generar beneficios directos para la nación. Un ejemplo de este enfoque es la revitalización de las relaciones con Estados Unidos.
En el ámbito de la seguridad, la administración del presidente Paz ha manifestado la intención de reevaluar la participación de mecanismos internacionales, incluyendo la DEA, y otros dispositivos que fortalezcan las diversas dimensiones del Estado, desde la seguridad ciudadana hasta la gobernabilidad. La posición geopolítica del país subraya su relevancia para la estabilidad regional. La preocupación por el crimen organizado es palpable, y se reconoce que Bolivia no puede enfrentar este desafío en solitario, dadas sus extensas fronteras, como los tres mil kilómetros compartidos con Brasil. Por ello, se hace imperativa la colaboración con naciones como Estados Unidos, Brasil, Uruguay, Paraguay, Perú, Chile y Argentina.
Respecto a las relaciones con Venezuela, Cuba, Irán y Nicaragua, estas se mantienen, aunque el canciller Aramayo señaló una clara divergencia de valores en múltiples esferas, lo que naturalmente impone ciertas limitaciones a la profundidad de los vínculos. Esta postura refleja los principios y valores que el presidente Rodrigo Paz, su gabinete y la sociedad boliviana han definido, en virtud del mandato popular obtenido en las urnas.
En cuanto a las relaciones con Chile, se aboga por la paciencia y el respeto a su dinámica política interna, especialmente ante las próximas elecciones. Una vez que se reconfigure el gobierno chileno, se establecerá contacto para iniciar un diálogo político y diplomático. Este diálogo es fundamental para abordar acciones binacionales en la frontera, particularmente en el contexto de la reactivación de la minería de minerales críticos, impulsada por la transición energética. La vocación minera y los recursos hídricos compartidos entre Perú, Chile, Bolivia y Argentina demandan una colaboración transfronteriza sustantiva

