La constante controversia en torno a las decisiones arbitrales es un rasgo distintivo del fútbol boliviano. Tras cada jornada, las críticas de entrenadores, jugadores y directivos son habituales, manifestando su inconformidad con la labor de quienes imparten justicia en el terreno de juego.
En un reciente evento, la máxima autoridad del fútbol boliviano, Fernando Costa, reconoció que la mejora del arbitraje representa una tarea pendiente para su gestión. Subrayó la necesidad imperante de elevar el estándar del trabajo arbitral, el cual, partido tras partido, deja una sensación de insatisfacción general. En este contexto, se ha anunciado la próxima presentación de un plan integral de reestructuración del arbitraje nacional ante el Consejo.
Desde la Dirección de Desarrollo del Arbitraje de la Federación Boliviana de Fútbol se admiten tanto las deficiencias como los aciertos. Un análisis experto de la situación revela que, si bien las observaciones a los colegiados son recurrentes, no abarcan la mayoría de los encuentros. Se estima que solo uno o dos partidos por fecha generan controversia, mientras el resto se desarrolla bajo una conducción adecuada. Esto sugiere la existencia de un grupo de árbitros con buen desempeño, aunque otro sector aún comete errores puntuales.
Se considera que la implementación de un plan de profesionalización, al que se sumará la reestructuración del arbitraje el próximo año, será fundamental para lograr mejoras significativas. No obstante, se anticipa que las quejas y reclamos persistirán, a menudo impulsados por la parcialidad de los dirigentes. Las equivocaciones detectadas se atribuyen principalmente a un mal posicionamiento en jugadas clave y a una lectura deficiente del desarrollo del juego. El objetivo es subsanar estas falencias y asegurar que los oficiales más capacitados permanezcan en la División Profesional para la temporada 2026.
Asimismo, se enfatiza la importancia de capacitar en las reglas de juego a todos los actores del fútbol, incluyendo jugadores, técnicos y dirigentes. Muchas objeciones y reclamos surgen de un sentido común y no de un conocimiento específico del reglamento, lo que alimenta la polémica. Para alcanzar un arbitraje de calidad, es indispensable invertir en la formación y en la selección rigurosa de aquellos que aplican las reglas de manera correcta.
En cuanto a la dotación de personal, en 2023 el fútbol boliviano contaba con 235 árbitros y asistentes de primera categoría para la División Profesional, de los cuales 120 poseían certificación VAR. Este número se considera elevado para las ocho confrontaciones semanales. De acuerdo con las recomendaciones de la FIFA, el balompié boliviano requiere de un contingente de 72 árbitros, distribuidos en 24 árbitros de campo, 24 asistentes y 24 especialistas en VAR, para quienes se está desarrollando un programa de especialización. Esta cifra fija será el resultado de una serie de evaluaciones en curso durante el presente año, enmarcadas en el plan de reestructuración. Para la Copa Simón Bolívar, se emplean 80 jueces entre centrales y asistentes, y para la Liga Femenina, se seleccionarán 25 árbitras y 25 asistentes.
El nuevo esquema de categorización implica ascensos y descensos anuales basados en criterios técnicos rigurosos, a diferencia de los métodos subjetivos previos. Las evaluaciones técnicas ahora incluyen mediciones de porcentaje de grasa, reflejando un enfoque más atlético. Tras la primera fase del torneo Todos contra Todos, el número de árbitros se redujo de 235 a 98, destinando el resto a la Copa Simón Bolívar. En diciembre se realizará un segundo corte, separando a 26 oficiales para alcanzar la cifra recomendada por el organismo rector del fútbol mundial.
La figura del árbitro ha evolucionado para convertirse en la de un atleta. Las pruebas de resistencia, como la de 4.000 metros recomendada por la FIFA, se han incrementado a 5.000 metros en el país y se realizan cinco veces por temporada, a diferencia de la única prueba anual anterior. Quienes no cumplan con estas exigencias serán relegados en el ranking.
El fútbol boliviano aspira a que los árbitros se dediquen a tiempo completo a su actividad, una realidad aún lejana. Una vez finalizada la selección de los 72 árbitros para la División Profesional en diciembre de este año, se iniciará una fase de especialización. La tercera etapa, programada para 2026, será la de dedicación exclusiva, exigiendo a los árbitros disponibilidad total para capacitaciones, evaluaciones y dirección de partidos.
En 2023 se anunció la creación de la Academia Nacional de Árbitros para formar nuevas generaciones. El plan estructural está definido para su funcionamiento el próximo año, pendiente de la aprobación del Comité Ejecutivo de la FBF. Como parte de esta propuesta, se está capacitando a 48 asesores como instructores, a través de cursos en línea de cuatro meses impartidos por docentes internacionales. Se proyecta la necesidad de entre 28 y 30 instructores para el inicio de la Academia. El plan de reestructuración está elaborado, pero su implementación y divulgación esperan la aprobación del Comité Ejecutivo.
En cuanto a la remuneración, un árbitro FIFA en la División Profesional percibe 2.900 bolivianos por partido, mientras que los asistentes FIFA cobran 2.500 bolivianos. Para los jueces nacionales, el central recibe 2.500 bolivianos, los asistentes 1.900, el cuarto oficial 1.200 (independientemente de su insignia), y el asesor 400 bolivianos. Los oficiales VAR FIFA ganan 2.500 bolivianos, los nacionales 1.900, el AVAR 1.200 y el *quality manager* 1.000 bolivianos. Esta escala salarial rige desde 2019, y los jueces consideran que debe incrementarse a partir de la próxima temporada, dada la situación económica del país. Es responsabilidad del club local cubrir los honorarios de todo el equipo arbitral (campo y cabina), lo que oscila entre 20.000 y 22.000 bolivianos por partido, incluyendo pasajes aéreos, estadía y viáticos. Estos montos son resultado de negociaciones entre el Consejo Superior de la División Profesional y la Asociación Boliviana de Árbitros de Fútbol.
En la Copa Simón Bolívar, un central recibe 600 bolivianos, los asistentes 450, el cuarto oficial 120 y el asesor 100 bolivianos. Esta escala se mantiene hasta cuartos de final, con un incremento del 5% en semifinales y 10% en la final. Solo en la serie de ascenso y descenso indirecto se designan jueces FIFA, quienes perciben los mismos honorarios que en la División Profesional. Los clubes de la Simón Bolívar frecuentemente solicitan rebajas, y los viajes se realizan por vía terrestre, excepto a Cobija. El tratamiento económico en la Liga Femenina es similar al de la fase regional de la Copa Simón Bolívar, donde los equipos son de la ciudad sede del compromiso.
La rendición de cuentas es estricta. Un árbitro VAR fue suspendido por tres meses por no haber convocado al juez de campo tras revisar imágenes de un partido entre Bolívar y Always Ready, donde un jugador cometió una doble falta. El juez de campo de ese mismo encuentro recibió una suspensión de un mes. En otro incidente, dos oficiales fueron suspendidos por 70 días por una actuación incorrecta en un partido Blooming-Wilstermann, en el que un futbolista sufrió múltiples lesiones tras una dura entrada.
En ocasiones, los clubes presentan recusaciones masivas contra los árbitros, aunque no siempre con fundamentos sólidos. Sin embargo, cuando una acusación es verídica y está respaldada, se aplican las sanciones correspondientes. A nivel internacional, el objetivo es revertir la situación de dos eliminatorias consecutivas sin árbitros nacionales, buscando incrementar la designación de jueces bolivianos en competencias internacionales de categorías menores y de clubes, una tendencia que ya se ha observado este año. La seguridad de los oficiales es una preocupación constante, ya que a menudo deben ser escoltados por la policía y enfrentan agresiones desde las gradas

