Una reciente evaluación sobre el progreso de las obras de remodelación en el estadio Ramón Tahuichi Aguilera ha revelado un panorama desafiante en relación con la final única de la Copa Sudamericana 2025, cuya celebración está prevista para el 22 de noviembre en Santa Cruz. El cronograma de ejecución se encuentra en una fase crítica, con el tiempo apremiando para cumplir con los plazos establecidos.

El avance físico efectivo de los trabajos se sitúa en un escaso 23.57%, lo que contrasta marcadamente con el 45.36% que debería haberse alcanzado según la planificación actualizada. Un indicador clave de rendimiento, que idealmente debería alcanzar la unidad, se mantiene en 0.67, evidenciando un desfase significativo en la concreción del proyecto.

Las principales causas de esta ralentización radican en los procedimientos de adquisición de insumos y equipos. Numerosos elementos, cuya formalización ya debería haberse concretado, aún se encuentran en fase de negociación y carecen de la documentación contractual indispensable. A esto se suman demoras en gestiones específicas que impactan directamente en el desarrollo de las actividades.

Durante la semana reciente, las labores en el sitio se concentraron en el retiro de la cubierta existente del estadio y la excavación de un túnel para la nueva sección de ingreso. También se llevaron a cabo tareas de demolición en el sector de General y el desmontaje de cabinas y butacas en los palcos de hospitalidad. La fuerza laboral en cada frente de trabajo fluctuó entre cuatro y catorce operarios.

Inspecciones realizadas por autoridades departamentales, acompañadas de equipos técnicos y representantes de empresas constructoras, han ratificado la disponibilidad de los recursos financieros. Se ha confirmado, además, que una parte considerable de las adquisiciones se fabricará localmente en la ciudad, con el objetivo de agilizar los plazos de entrega. No obstante, se ha señalado que las normativas vigentes impiden la canalización directa de fondos privados hacia la administración departamental, lo que impulsa la búsqueda de mecanismos alternativos para sortear obstáculos administrativos.

Entre los progresos tangibles se cuenta la confección de la estructura metálica para la nueva cubierta, un proceso que se desarrolla en cuatro talleres especializados con turnos de veinticuatro horas. Asimismo, se está ejecutando la prefabricación de módulos, una estrategia diseñada para reducir al mínimo las uniones in situ y asegurar una calidad de montaje superior.

El análisis de las tareas pendientes las divide en aquellas con un avance más prometedor y otras que representan un punto de inflexión crítico. En la primera categoría se incluyen la estructura metálica, la adquisición de cámaras de seguridad y la excavación general. La segunda categoría, más extensa, abarca actividades fundamentales como el desmontaje de la cubierta, la reposición de pisos, la instalación de losas estructurales, las obras en cabinas de transmisión, vestuarios, el palco presidencial, áreas de hospitalidad y el patio de comidas, además de la compra de mobiliario, sistemas de climatización y señalética.

La mayoría de las actividades consideradas de cumplimiento crítico están intrínsecamente ligadas a los procesos de adquisición que aún están en curso. El desafío inmediato radica en agilizar la documentación y formalizar los contratos para que estos avances se reflejen en el cronograma y permitan cumplir con los plazos. La proximidad del evento, a tan solo tres meses de su realización, impone una presión considerable, dado que el recinto deportivo aún no exhibe el nivel de preparación requerido para albergar un torneo de la magnitud de la final sudamericana

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